Charlas
Miguel Angel Vargas Quiñones
** Cuando levantaron a René Carreón Gómez y a Filiberto Villalobos Caballero en territorio zacatecano, cuando se trasladaban de Querétaro a esta ciudad capital, un vecino de Sombrerete con el que tuve comunicación unas cuantas horas después del hecho delictivo que tuvo como víctimas a estos dos personajes duranguenses, me comentaba que había que actuar con rapidez porque los delincuentes no pertenecían a la delincuencia organizada como se trataba de insinuar por algunas autoridades de Durango y de Zacatecas. Son, me dijo este amigo, salteadores de caminos que viven en los poblados cercanos a la carretera Panamericana y que al amparo de la presencia de grupos de zetas que dominan ese territorio de Zacatecas y Durango, cometen sus fechorías sabedores que las autoridades estatales no le van a entrar a buscarlos, y que los federales saben que no es de su competencia.
Por fortuna tanto Filiberto “El Cura” Villalobos como René Carreón Gómez, salieron bien librados de este penoso hecho delictivo que mantuvo en zozobra a conocidas familias, y a importante sector político duranguense.
Días después de este penoso hecho, se conoció de asaltos a sacerdotes católicos, incluido el Obispo Enrique Sánchez. Mediáticamente poco se conoció de estos asuntos, pero se supo que altos jerarcas religiosos y políticos exigieron a la Federación una real presencia en este tramo de la carretera 45 (Panamericana) en donde diariamente se registraban asaltos a familias enteras que despiadadamente dejaban en la carretera sin importarles los bebés que iban en el vehículo robado.
El gobierno federal a través del Secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, (qepd), ordenó un inmediato operativo para poner un hasta aquí a esos asaltos y levantones que se registraban en el tramo carretero Durango-Zacatecas, y específicamente entre Sombrerete y Vicente Guerrero.
Hace apenas unos cuantos meses, mi amigo radicado en Zacatecas me llamó telefónicamente para comentarme que los asaltantes de los sacerdotes y de Carreón y Villalobos, habían sufrido “un accidente” y seis de ellos perdieron la vida.
La realidad fue que los mismos grupos que dominan el territorio por donde se transportan los cargamentos de droga se encargaron de “accidentar” a los secuestradores, asaltantes y extorsionadores que operaban desde San Luis Potosí hasta Nombre de Dios en el estado de Durango.
Los “accidentaron” antes de que se pusiera en marcha el operativo policíaco-militar-Marina Armada de México, porque entonces hasta los cárteles establecidos para el trasiego serían arrasados.
Prefirieron actuar “en coadyuvancia” con las autoridades estatales, y se encargaron de “accidentar” o echar del territorio, a quienes se los estaban “calentando”.
Los asaltos y levantones en esa parte de la carretera Panamericana, disminuyeron hasta casi desaparecer.
Durante los meses pasados, se han registrados en Durango capital, detenciones y enfrentamientos, en los que varios integrantes de algunos de los cárteles que operan en nuestra entidad, han caído. Unos muertos y otros a disposición de las autoridades federales.
Mencionan fuentes bien enteradas que los caídos, en cualquiera de las dos circunstancias, eran las cabezas del grupo que dominaba el territorio duranguense y que se encargaba de frenar el arribo de los zetas que, aunque llegaron a posicionarse en varios municipios de la entidad, su fuerza real se mantuvo siempre en los límites de Zacatecas y Durango, sea por el lado de Vicente Guerrero o por la región del desierto. Poco o nada tuvieron presencia en la ciudad capital.
En las pasadas semanas resurgieron con muchos bríos los secuestros, levantones y extorsiones, clásicas de los zetas y de grupos locales que operan bajo la sombra del crimen organizado.
Le han pegado a empresarios lo mismo que a profesionistas, comerciantes, estudiantes, y hasta comunidades enteras como es el caso de Rodeo en donde la extorsión fue masiva.
No me queda la menor duda que en este momento, Durango capital vive dos situaciones difíciles que tenemos que saber enfrentar sociedad y gobiernos.
Ambas igual de peligrosas y las dos, igual de sangrientas.
Una se refiere al empoderamiento que están buscando el cártel de los zetas sobre el territorio de esta capital, donde el grupo dominante por tradición, ha sido descabezado durante varios meses en golpes registrados en esta ciudad y Nuevo Ideal. Esa coyuntura está siendo aprovechada por algunos grupos de zetas que pretenden extenderse en territorio duranguense.
Otro fenómeno peligroso por igual, es el de los pequeños grupos de delincuentes que durante los últimos meses han visto terreno fácil a Durango, y de ahí que se estén dedicando lo mismo a extorsionar que a secuestrar sin miramientos.
La ejecución cometida en el Hospital General, y que inició frente a la Fiscalía General del Estado, es parte del empoderamiento de un cártel sobre el territorio que tradicionalmente ha ocupado otro. Saben que no hay policía preventiva municipal, estatal o federal, que resguarde la ciudad, mucho menos un hospital como el de Durango. Sabían que podían llegar como Pedro por su casa, y terminar el trabajo que les habían encargado hacer sobre José Guadalupe García González.
Luego los secuestros, dos de los cuales han conmocionado a la sociedad, que están dejando millonarias sumas a los grupos locales que han implantado esta empresa del secuestro.
El secuestro, a pesar de las bandas desmembradas y capturadas, seguirá creciendo, mientras la lucha por el territorio la sigan disputando centímetro a centímetro la gente de El Chapo y los zetas.
Una vez más urge la presencia de la Marina y del Ejército Nacional en los diferentes municipios de Durango, y en especial de esta capital. Los servicios de inteligencia de la Fiscalía no son suficientes, porque muchos policías en funciones y ex policías pueden estar involucrados con los grupos de secuestradores.
Si no se actúa pronto, la sangre seguirá corriendo.







