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18/02/2012-5:36 pm

“Cuento, lo mejor que escribimos en América”

El Universal

México, DF.- El Ricardo Piglia que relata con maestría el cuento de “El joyero” es un joven que ni siquiera se imaginaba el escritor que llegaría a ser; el mismo José Edmundo Paz Soldán cuando obtuvo el Premio Juan Rulfo a los 30 años con el cuento “Dochera” poco sabía del futuro que tendría en las letras latinoamericanas. Ellos, son dos de los 31 escritores reunidos en la antología “Sólo cuento”.

La tercera antología de ese proyecto literario que emprendió la Dirección de Literatura de la UNAM hace cuatro años, estuvo a cargo del narrador Luis Felipe Lomelí y a través de 500 páginas, da cuenta de la vitalidad y excelente manufactura de la narrativa corta de escritores contemporáneos de América Latina.

El hecho de que en esa antología se hallen cuentos de autores reconocidos como Héctor Abad Faciolince, Alberto Fuguet, Santiago Gamboa, Sergio Ramírez, Rodrigo Fresán y Rodrigo Rey Rosa, no evita el hallazgo de autores jóvenes, casi desconocidos e inéditos que confirman lo que para Luis Felipe Lomelí es un hecho: “el cuento es lo mejor que escribimos en América”.

Así, entre cuentos de autores con “nombre”, hay otras voces excepcionales casi desconocidas o inéditas, como la del escritor Abelardo Castillo, nacido en 1935, que es uno de los cuentistas, poetas y dramaturgos más conocidos en Argentina, pero sin reconocimiento en América Latina; o la misma Sylvia Iparraguirre (Argentina, 1947) que poco se sabe de ella fuera de su país.

Lomelí reconoce que la antología tiene un sello personal “porque es muy mi gusto. No creo en estos criterios estilistas de la objetividad en la literatura, pues si no existe la objetividad en ciencias naturales, pues en las artes menos”.
 Exploración al texto breve

En entrevista con EL UNIVERSAL, el narrador que actualmente radica en Puebla, cuenta que a la hora de empezar esta antología lo primero que se propuso fue recuperar esos textos fantásticos que había leído de joven y de los que todavía le removían el interior y que no estaban en ninguna antología.

“Hubo hallazgos relativos, yo sabía de escritores que eran muy buenos pero aquí en México era imposible conseguirlos, como Abelardo Castillo y Sylvia Iparraguirre, que son maravillosos, también están los guatemaltecos Rodrigo Fuentes que es inédito y escribe muy bien; Juan Álvarez que yo había leído algo por ahí y es increíble e incluso Juan Carlos Rodríguez”, señala el narrador.

La tercera entrega de “Sólo cuento” al tiempo que ofrece un panorama del cuento latinoamericano que han hecho y hacen escritores nacido entre 1935 y 1984 –el mayor porcentaje es de autores nacidos en los 60 y 70-, es una muestra de las búsquedas del cuento, de las formas diversas que hay de contar.

Luis Felipe Lomelí dice que hay apuestas y textos arriesgados, y dice que quizás el cuento más raro sea el de Pablo Soler Frost, titulado “Primer año de lecciones de palabras” e incluido en el rubro de “Ars poética” junto con el texto “Un poeta local” de David Toscana.

“Me gusta que sean cuentos memorables, inolvidables, de esos que uno lee y los sigue recordando porque significa que algo se movió, algo cambió dentro de uno a la hora en que lo leyó, eso es algo independiente de la técnica y la historia, independientemente de la teoría literaria, son cuentos que lo mueven a uno”, dice Lomelí.

Desde esa conciencia y gusto fue conformando la antología que incluye a otros autores como Joaquín Hurtado, Mariana Enríquez, Juan Álvarez, Federico Vite, Sonia Budassi, Eduardo Halfon y Juan Ramírez Biedermann; así descubrió a cuentistas nacidos en los 80: Rodrigo Blanco Calderón, Rodrigo Hasbún y Rodrigo Fuentes.

“Me puse a buscar a Piglia con ‘El joyero’, a Paz Edmundo con ‘Dochera’, a Joaquín Hurtado que es poco conocido en México por cuestiones de censura; un cuento del mismo Alberto Chimal o Fuguet con ‘Ojos que no ven’, cuento que sí había salido en una antología pero hace mucho tiempo o ese otro de ‘Tragedia de un hombre que amaba en los aeropuertos’ de Gamboa”, afirma el antologador.

Después de eso fue escribirle a todos sus amigos pidiendo que le recomendaran gente que no fuera mexicana: “No quería una antología superendogámica”; así encontró a muchos desconocidos cuentistas. A ellos les cuenta una historia:

“Uno de los cuentos más icónicos de la literatura en español contemporánea, es ‘El joyero’ de Ricardo Piglia, lo escribió cuando estaba bien chavito y cuando básicamente no tenía curriculum. Yo espero que todos estos chavos desconocidos que aparecen en esta antología, eventualmente se conviertan en algo así como Piglia”, concluye Lomelí.

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