Agenda desde el Cono Sur
José Vales
Emile Zola y el menemismo
BUENOS AIRES, Argentina, febrero 20 (EL UNIVERSAL).- Los presidentes sudamericanos, en su gran mayoría, demuestran que nunca han leído a Emile Zola. Principalmente su popular “Germinal”, la historia que transcurre en una mina en Francia y que ya a finales del siglo XIX mostraba cómo terminan las experiencias mineras. Mal para todos.
Para los mineros, que llevan la peor parte, el malvivir, para los empresarios las pingues ganancias y el descrédito permanente y a la región a explotar una idiosincrasia del sálvese quién pueda y el olvido Cuando no la contaminación ambiental.
Pero, la mayoría de los mandatarios de esta región, ya se inscriban en un lenguaje muy progresista, como Cristina Kirchner o Rafael Correa, o más pragmático que conservadores, tal el caso del militar Ollanta Humala o Juan Manuel Santos (que si lo leyó a Zola pero poco le importó), le abren las puertas a los proyectos mineros a cielo abierto aún cuando poblaciones enteras se oponen en las calles resistiendo la represión. Fue eso lo que ocurrió en las provincias argentinas de La Rioja y de Catamarca, donde los gobernadores se apuran a habilitar los proyectos presionados por el gobierno nacional.
No fueron los únicos casos ni serán los últimos. En Perú, Humala ya experimentó el mismo Vía Crucis, y hasta se deshizo de su muy progresista gabinete para mantener los proyectos y Evo Morales, sigue apostando como históricamente ocurrió en Bolivia a la explotación minera. Por ahí, por el carácter de las economías de extracción permanente (ergo saqueo) también se puede explicar la pobreza estructural boliviana, desde que el Cerro Rico de Potosí, enriquecía la corona Española en los remotos tiempos de la Colonia.
Hoy parece que para los gobiernos progresistas tener un discurso alternativo es ser pro minero y que poco les importe el tema crucial del medio ambiente. Es por eso que en los próximos días, el conflicto en la materia brindará nuevos y renovados capítulos. Por lo menos en Argentina y en Perú la tensión así lo demuestra.
A esos gobiernos, les queda cada vez más difícil seguir fingiendo lo que no son o esforzándose en parecer lo que dicen ser. Cristina Kirchner, que después de batir récords electorales, ahora va en busca de romper las marcas de inflación, hasta convertir a su país en el dueño de un costo de vida más caro que el de España o de Francia, por ejemplo, la minería es cuestión de vida o muerte. Cobijó en su seno a personajes como el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, una suerte de adalid de la canadiense Barrick, otrora menemista, y a un viejo soldado del ex presidente Carlos Menem, el gobernador de La Rioja, Beder Herrera, quien en su pueblo natal, de Famatina, vio como sus vecinos y amigos de la infancia, marcharon hasta la capital provincial para repudiarlo y decirle que la mina de oro, no pasará.
En La Rioja, más precisamente, en el cerro Famatina y en Chilecito, el debut del sigo XX encontró a empresas alemanas explotando oro y otros metales. Lo que quedó de aquellos años de la fiebre del oro riojano, fue un cable carril en deshuso y unos cuantos hoy ancianos morenos y de ojos celestes, gracias a lo amores que los alemanes supieron a ser a su paso por la región. Por lo demás la misma pobreza de siempre.
Es paradójico que la presidenta avale a Beder Herrera y su proyecto minero. A pesar de las prohibiciones a las importaciones que vienen complicando a diversos sectores, el ajuste fiscal y los negocios, cada vez se asemejan más a los de los tiempos de Menem. Incluso hasta los casos de corrupción.
En el ojo del Huracán quedó la semana que pasó, un “clásico” de este espacio: el vicepresidente Amado Boudou, más conocido como “Isidoro Cañones”, después de las denuncias de que un amigo de la infancia, José Luis Núnez Carmona, y un presunto testaferro, Alejandro Vanderbohele, se quedaron con la ex empresa Ciccone Calcográfica (de celebérrima fama en los tiempos de la corrupción menemista), desde donde pugnan por imprimir los billetes de 100 pesos que el Banco Central debe encargar. Un negocio estimado en más de 50 millones de dólares, y que ya llevó a un fiscal a comenzar una investigación sobre Cañones y su círculo de amigos.
Hasta en eso se van mimetizando con el menemismo. No sólo por los desarrollos mineros que afectan las napas y los rio. Sino también hasta en los negociados que llevan la marca de la impunidad y el perfil político del primero en caer en desgracia.
En los tiempos de Menem, fue su secretaria de Medio Ambiente y privatizadora de cabecera, María Julia Alsogaray, la primera en caer en las redes judiciales y a la postre la única que purgó prisión por su enriquecimiento ilícito. Hija del fundador de la derechista UCEDE, aún cree que desde el poder le habían soltado la mano porque no era peronista. Tampoco es peronista “Cañones” Boudou. Viene justamente del partido de los Alsogaray y ya hace unos meses Máximo Kirchner, el primer hijo del país, había salido a frenar sus ínfulas de poder. Hoy, cascoteado desde los medios y con la presidenta exigiéndole explicaciones, no estaría de más que el vicepresidente amante de la fiesta permanente comience a revisar la historia de su ex jefa política, María Julia, para saber cómo se trata en el peronismo a aquello que no portan el ADN movimienista.
Por lo demás, mientras Correa, volverá esta semana a al carga contra la prensa pero a favor de las mineras en su país y Hugo Chávez se mete de lleno en lo que más sabe y le gusta que es vilipendiar a opositores y estar en campaña permanente, el verano le deparó a la presidenta argentina una caída de 10 puntos en su popularidad que sigue siendo alta. Es el costo por sincerarse y parecerse cada día más a esa pasado que en los discursos aborrece y al que se aferra en la práctica: el menemismo.







