Inmortalizados en una canción…

Con sus oficios,  el Ropavejero, el Organillero y el Sereno fueron en su momento personajes importantes en los barrios y colonias y formaron parte de las tradiciones y costumbres de aquellos tiempos. 

Por: Geraldo Rosales

Durango, Dgo.-

El Ropavejero

“Sombreros, botellas ropa usada que venda”  versaba una sutil melodía de uno de los oficios antiguos y que poco a poco se ha extinguido , el de “Ropavejero” , persona  que recorría las calles de una ciudad  a pie con un costal al hombro , donde iba recolectando ropa y viejos utensilios que la gente ya no utiliza para venderlos en otras casas.

 

Libros, revistas, figuras de porcelana, bolas de boliche, sabanas, corbatas, sombreros, cachuchas eran de las cosas que los “ropavejeros” solían vender o intercambiar haciendo de las cosas que ya se utilizaban un negocio propio, en la actualidad ya no es muy común  ver a este tipo de personas aunque mucha gente sigue recolectado este tipo de cosas, como un homenaje a estos personajes Francisco  Gabilondo Soler  “Cri –Cri” en una de sus  tantas canciones  los inmortalizó:

 

“El señor Tlacuache, compra cachivaches, y para comprarlos suele pregonar. ¡Botellas que vendan! zapatos usados! ¡Sombreros estropeados, pantalones remendados! Cambio, vendo y compro por igual”.

 

Aunque en México aún se conserva este oficio, ya no es muy común ver a los organilleros, los cuales alegraban los parques y plazas con esas armoniosas notas las cuales salían del  instrumento reproductor de melodía  grabadas en cintas o cilindros de papel o metal por medio de perforaciones.

 

El Organillero

 

El organillero que por lo general solía ir uniformado se le podía ver en las esquinas    dándole vuelta al manubrio para que la música comenzara a sonar a cambio de unas monedas, por lo general este tipo de personajes pertenecían  a los estratos más humildes de la sociedad, según la historia es en 1884 cuando llegaron a México los primeros organillos por medio de la empresa Wagner y Levien Sucs.

 

La desaparición de los organillos se dio principalmente por la falta de técnicos especializados para su compostura y restauración, y aunque de vez en cuando uno puede ver a este tipo de trabajadores este oficio ya no es muy común verlo; Javier Solís inmortalizó a estás personajes en lo que fuera su último éxito antes de morir:

 

“Quiero morir no tengo ya aquel amor tan puro y santo, quiero seguir al mas allá a la que quiero tanto en esta noche en que la muerte espero…sigue tocando amigo organillero”.

El Sereno

 

“Las siete y todo sereno” era otra de las frases que se podían escuchar de un hombre llamado “El sereno”, uno de los oficios más emblemáticos de los barrios y que por lo general encargado durante décadas de encender las farolas con la caída de la noche, y vigilar las calles durante la noche, así mismo, también tenía en su poder las llaves de todos los portales para quien la sereno fue aquel encargado de la seguridad nocturna en las ciudades; en la canción de las mañitas sobre todo en la versión que cantaba Pedro

Infante se puede escuchar versos dedicados a este personaje:

 

“Si el sereno de la esquina me quisiera hacer favor de apagar su linternita mientras que pasa mi amor, ahora sí señor sereno le agradezco su favor encienda su linternita que ya ha pasado mi amor”.