Bitácora del director

Jul 7, 2017 / 17:50 pm

Por pascal Beltrán del Río

Aquel 6 de julio

Hay momentos definitorios en la vida de un país. Uno de ellos ocurrió en México el 6 de julio de 1997.

Se cumplen 20 años de las elecciones federales y locales que serán recordadas como las que abrieron la puerta a la distribución entre diversas fuerzas políticas de los cargos públicos que antes ganaba casi exclusivamente una sola.

En el nivel federal, dicho proceso electoral –para renovar la Cámara de Diputados– era regido por las modificaciones legales que se introdujeron en la reforma política de 1995-96, impulsada por el entonces presidente Ernesto Zedillo y los líderes nacionales del PAN y PRD, Carlos Castillo Peraza y Porfirio Muñoz Ledo, respectivamente. La más importante de ellas fue la que ciudadanizó al Instituto Federal Electoral.

El 31 de octubre de 1996, faltando unas horas para que terminara el plazo aprobado por la reforma, la Cámara de Diputados aprobó por mayoría calificada la integración del primer Consejo General del IFE, que no tendría dependencia alguna de los Poderes federales. Su presidente, por los siguientes seis años, sería José Woldenberg Karakowsky.

Hasta ese momento, el PRI jamás había perdido la mayoría en la Cámara de Diputados. Y únicamente había dejado escapar tres gubernaturas: Baja California (1989), Chihuahua (1992) y Guanajuato (1995), las tres ganadas por el PAN.

Ese estado de cosas fue puesto de cabeza el domingo 6 de julio de 1997. Aquel día, el PRI perdió tanto la mayoría en San Lázaro como tres Ejecutivos locales: las gubernaturas de Nuevo León y Querétaro, ante los panistas Fernando Canales e Ignacio Loyola, respectivamente, y la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, que se elegía por primera vez, ante el perredista Cuauhtémoc Cárdenas.

La votación nacional del PRI cayó de 14 millones, obtenidos en la anterior elección federal intermedia, a 11.2 millones. En tanto, la del PAN subió de cuatro millones en 1991 a 7.8 millones, y la del PRD, de 1.9 millones a 7.5 millones.

Movidos por la confianza que generaba el nuevo árbitro electoral, la novedad de elegir a un gobernante en la capital y las ganas de castigar al partido oficial por las consecuencias económicas y sociales de la crisis monetaria desatada en diciembre de 1994, los ciudadanos salieron a votar masivamente.

La participación del electorado ese domingo fue de 71%. En las intermedias más recientes, las de 2009 y 2015, votó 44% y 46%, respectivamente, si bien hay que decir que a partir de 2000 los comicios para jefe de Gobierno del DF, hoy de la Ciudad de México, coinciden con las de Presidente de la República.

Como sea, lo ocurrido ese día en las urnas fue inusitado. Los resultados provocaron un reacomodo de la clase política que se evidenciaría en los siguientes diez años o más.

Las elecciones de 1997 proyectaron al gobernador guanajuatense Vicente Fox, quien apenas cerraron las casillas se declaró en campaña por la Presidencia de la República, misma que alcanzaría tres años después.

También lanzaron a un plano estelar a los dirigentes nacionales de PAN y PRD, Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, quienes habían tomado posesión de su respectivo cargo en marzo y agosto de 1996. Ambos se enfrentarían en la contienda presidencial nueve años después.

Personajes como Muñoz Ledo –cómo olvidar su discurso inaugural de la 57 Legislatura–; Arturo Núñez –hoy gobernador de Tabasco– y Carlos Medina Plascencia tomarían un nuevo aire gracias a su participación en la Cámara de Diputados.

Para otros, como Lázaro Cárdenas Batel, Emilio González Márquez, Ulises Ruiz, Fidel Herrera y el propio Núñez, la 57 Legislatura sería una plataforma de lanzamiento hacia la gubernatura de sus respectivos estados.

También se hicieron notar como diputados Marcelo Ebrard, Santiago Creel, Bernardo Bátiz, Angélica de la Peña, Dolores Padierna, Demetrio Sodi, Héctor Larios, Martha Palafox y Juan Bueno Torio.

Pero los cambios no sólo dan buenos frutos. A partir de aquella nueva distribución del poder –entre 1998 y 2003 el PRI perdería la Presidencia de la República, la mayoría del Senado y diez gubernaturas–, se generó el fenómeno de la partidocracia, en el que las viejas oposiciones de derecha e izquierda aprendieron muchas de las mañas que habían sido características del PRI en la etapa autoritaria.

Aun así es necesario recordar aquel 6 de julio de 1997 como un parteaguas en la historia del país.

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