Bitácora del director – Inclusión

Ago 11, 2018 / 8:59 am

Pascal Beltrán del Río

Impulsada por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, del 1 al 7 de agosto se llevó a cabo la Semana Mundial de la Lactancia Materna.

Su objetivo fue fortalecer las medidas regulatorias que estimulen la que ambas organizaciones consideran la mejor opción para garantizar la buena salud y el crecimiento de los niños pequeños.

Entre esas medidas regulatorias están la adopción y el monitoreo del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y la aplicación de la Iniciativa de Hospitales Amigos del Niño.

También se busca la puesta en marcha de una política de derechos de la maternidad compatible con las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), así como proporcionar asesoramiento y ayuda especializada para la alimentación del lactante y del niño pequeño.

México no es ajeno a esta conmemoración y para ello se llevó a cabo el pasado martes el acto “Uniendo esfuerzos por la lactancia materna”, en el que participaron el secretario de Salud, José Narro Robles; el subsecretario, Pablo Kuri; el presidente de la Academia Mexicana de Pediatría, Javier Mancilla; el comisionado de Autorización Sanitaria de la Cofepris, Jorge Romero Delgado; el presidente de la Comisión de Fabricantes de Fórmulas Infantiles de la Cámara Nacional de Industriales de la Leche (Canilec), Fabrice Salamanca; el presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Medicamentos, Dagoberto Cortés, y el director general del Consejo de Ética y Transparencia de la Industria Farmacéutica, Juan Francisco Millán.

Es un tema de salud de clara trascendencia social y de interés para la vida cotidiana de millones de personas. Sin embargo, es explicable que en México atrajera poca atención mediática, monopolizada por asuntos como los foros para la reconciliación y la paz o la exoneración de Elba Esther Gordillo.

Quien quiera enterarse por su cuenta de lo que se informó en este foro tendrá dificultades para encontrar la información sustantiva. Una búsqueda en Google con el tema “lactancia” dará como resultado varias notas que no informan del contenido de la conferencia, sino del hecho de que no hubiese una sola mujer en el presidium.

Los medios –sobre todo los digitales– dieron preferencia así a una controversia iniciada en redes sociales por quienes cuestionaron la ausencia de mujeres en la discusión de un tema que les atañe directamente.

El asunto principal fue relegado a segundo plano por una de las tantas batallas culturales que entretienen a las comunidades virtuales, convirtiéndolas en arena en la que chocan posiciones extremas, y que rara vez dan espacio a consensos útiles o a posiciones intermedias o moderadas. Y, peor aún, sólo dan pie a soluciones engañosas.

En este caso, la finalidad del foro, que versaba sobre una política sanitaria urgente, quedó sepultada por una discusión ideológica que es muy escandalosa, pero que poco ayuda a resolver a fondo las cuestiones que preocupan a quienes legítimamente denuncian la inequidad de género y la falta de inclusión.

La fotografía del presidium revela que, en efecto, no existen mujeres que encabecen organismos o instituciones privadas o públicas que atiendan asuntos relacionados con su cuerpo. Es un hecho real que refleja una histórica desigualdad en el acceso de las mujeres a la educación y a puestos de dirección, y cuya solución requiere una discusión amplia, informada e incluyente que se traduzca en políticas públicas útiles.

Lamentablemente, el debate se queda en la superficialidad que le marca la corrección política y, en lugar de ir a la raíz, termina sugiriendo que el problema se resuelve mediante la asignación de una cuota de participantes por género en actos públicos.

Soluciones de este tipo, a mi juicio, sólo sirven para ocultar la verdadera dimensión del problema y postergar indefinidamente una solución efectiva.

De esta forma, los publirrelacionistas responsables de organizar actos públicos sólo tomarán nota de las críticas en Twitter y Facebook y las evitarán incluyendo a mujeres en próximas mesas redondas o actos protocolarios. Con ello frenarán el ruido en internet y considerarán cumplida su misión.

Pero la inequidad persistirá, porque esa está en la realidad cotidiana, no en la composición de un presidium.

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