BITÁCORA DEL DIRECTOR – Más sobre el voto útil

Ene 27, 2018 / 11:34 am

Pascal Beltrán del Río

Ayer le decía aquí que el lugar común afirma que, en los comicios presidenciales, una parte de los electores da la espalda a su opción original para apoyar a alguno de los dos candidatos mejor posicionados. Es lo que se denomina como “voto útil”.

También decía que si bien hay, en las estadísticas electorales, algunos indicios de su existencia, no puede afirmarse con total certeza que la decisión de dar al voto un mejor uso —dejando de sufragar por un aspirante que con toda seguridad perderá y votando por uno que sí puede ganar— sea la principal motivación de quienes votan cruzado.

Lo único que sí sabemos es que un porcentaje de los electores hace justamente eso: sufragar por un partido en la elección presidencial y por otro en las elecciones legislativas.

La porción de quienes han votado cruzado, respeto de la elección para senadores, fue de 4.8% en los comicios de 2000, de 9.3% en las de 2006 y de 5.7% en las de 2012. En ninguno de los tres casos, ese voto definió el resultado de la contienda.

Por ejemplo, si Vicente Fox hubiese dejado de recibir los casi 1.8 millones de sufragios que se depositaron de más a su favor, comparado con los que recibió la Alianza por el Cambio (PAN-PVEM) en la elección para senadores, de todos modos habría vencido a su contrincante Francisco Labastida.

O si Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador no se hubiesen visto favorecidos por el mismo motivo, aun así el panista habría ganado la elección, y de forma más cómoda: por una diferencia de casi 4 puntos.

Igualmente, el presunto voto útil nada significó en la determinación de quién ganó la Presidencia en 2012, pues AMLO, segundo lugar de la contienda, obtuvo casi cuatro veces más sufragios cruzados que Enrique Peña Nieto.

Más allá de que exista un voto cruzado masivo, cuya intención es hacer ganar o perder a alguno de los aspirantes —es decir, un auténtico voto útil—, resulta interesante saber de dónde reciben el apoyo los candidatos favorecidos por él.

Por ejemplo, en la elección de 2012, la hipótesis es que un grupo de electores que pretendía votar por la panista Josefina Vázquez Mota le habría dado la espalda para otorgárselo a alguno de los candidatos que terminaron en los dos primeros lugares: Peña Nieto y López Obrador.

La hipótesis agrega que esos simpatizantes panistas, 0al ver el avance de AMLO en las semanas finales de la campaña, habrían votado por Peña Nieto para evitar el triunfo del tabasqueño.

El problema de esa hipótesis es que los datos sugieren otras posibilidades. Si bien es cierto que algunos panistas pudieron haber votado por Peña Nieto, otros, aparentemente, lo hicieron por López Obrador. El dato duro es que Vázquez Mota recibió 387 mil votos menos que los candidatos panistas al Senado.

¿Adónde se fueron esos sufragios?

Veamos la elección en el entonces Distrito Federal. Allí, Vázquez Mota obtuvo 844 mil 110 votos contra 924 mil 732 de la fórmula panista al Senado. Es decir, una pérdida para ella de 80 mil 622 votos.

En la misma entidad, Peña Nieto y López Obrador tuvieron diferencias a su favor de 115 mil y 130 mil, respectivamente. El panalista Gabriel Quadri dejó de recibir 57 mil votos y la diferencia de sufragios nulos entre una elección y otra fue de 77 mil.

Si uno suma las diferencias favorables para Peña Nieto y López Obrador (245 mil) y las minusvalías de Vázquez Mota, Quadri y la votación anulada (214 mil) se llega a montos muy cercanos el uno del otro.

Es posible que todos los votantes del PAN y de Nueva Alianza hayan votado por Peña Nieto, pero necesariamente una parte de ellos sufragó distinto pues 80,000+57,000=137,000.

Asimismo, es posible hayan votado por AMLO todos los que anularon su boleta de la elección de senador en la Ciudad de México, pero no la de Presidente. Aun así, haría falta explicar una parte de la diferencia pues 130,000-77,000=53,000.

Los datos electorales que he revisado de los tres comicios presidenciales referidos son poco concluyentes en materia de voto útil.

Por eso, sostener que el eventual desplome de una de las tres candidaturas presidenciales actuales favorecerá de forma predominante —y, sobre todo, definitiva— a alguna de las otras dos, es hacer cuentas alegres.

El voto útil, si realmente existe como fenómeno electoral de masas, hasta ahora no ha hecho ganar ni perder a nadie.

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