LoveItGate

Jul 13, 2017 / 17:15 pm

NUDO GORDIANO

Por Yuriria Sierra

La trama entre Estados Unidos y Rusia está tomando un curso que comienza a poner nerviosos a muchos. Yo sólo espero por el momento en que la democracia estadounidense se decida por mostrar su institucionalidad. Nada de lo que se ha hecho público hasta este momento con respecto a los nexos Trump-Rusia ha bajado el nivel de sospecha. Por el contrario, The New York Times ha dedicado varias de sus primeras planas a evidenciar este nexo. Trump, sabemos, sólo se ha limitado a descalificar el trabajo de uno de los periódicos más influyentes del mundo y a dar excusas que resultan verdaderamente irrisorias. Lo vimos en su encuentro, el “primero”, entre él y Vladimir Putin en la Cumbre del G20 hace unos días; le preguntó directamente al presidente ruso si habían existido comunicaciones entre su equipo —el de Trump— y el Kremlin… Obvio que la respuesta fue no, no y no (¿les recuerda algo?). El estadunidense pensó que con eso era suficiente, y tal vez, pero sólo en la dimensión en la que viven los Trump.

Y es que el actual gobierno de EU le está apostando (y a lo grande) a la impunidad, al cinismo, a la indecencia. Ayer, el NYT volvió a la carga: “El correo electrónico enviado el 3 de junio a Donald Trump Jr. no podría haber sido más claro: uno de los exasociados rusos de su padre había sido contactado por un funcionario de alto rango del gobierno de Moscú que estaba ofreciendo darle información comprometedora sobre Hillary Clinton a la campaña de Trump (…) ‘Si es lo que dices, me encanta (I love it), especialmente a estas alturas del verano’, respondió el hijo del presidente”. En un “ejercicio de transparencia”, Donald Trump Jr. quiso matar lo publicado subiendo a su cuenta de Twitter capturas de pantalla con la cadena de correos referidos en el reportaje… haciendo evidente que las únicas fake news son las que llegan a manera de statement de la Casa Blanca para justificar sus tantas omisiones y faltas a la verdad en tan poco tiempo.

Donald Trump (padre) celebró la “honestidad” de su primogénito: “Mi hijo es una persona de altos atributos y aplaudo su transparencia…” (le faltó añadir algo tipo “es el orgullo de mi nepotismo”), como mandó decirle a la prensa en un comunicado leído a periodistas en voz de Sarah Sanders, portavoz adjunta de la Casa Blanca. Para el gobierno estadunidense todo lo que se diga de ellos y vaya en su detrimento es considerado una mentira que se desmiente con una obvia y muy vacua declaración. Cuánto retrocedimos en el tiempo en tan pocos meses. Y es que no le quedaba de otra: si hubiéramos tenido silencio de su primogénito, Trump habría repetido su cuento de las noticas falsas, buscando que el tiro de desacreditar un trabajo periodístico fuera suficiente para librarse del escándalo. Pero esa estrategia tan recurrente, por fortuna, se ha desgastado.

O quizá la estrategia es, justamente, ésa: que sea el junior quien asuma toda la culpa (como René Bejarano en su momento) para intentar desligar a Trump de la trama rusa que no ha hecho sino enredarse cada día más. Pero, evidentemente, ya no hay treta que sirva para desviar la atención. Ayer, por ejemplo, ni la noticia de la muerte de Abu Bakr al-Baghdadi, líder del Estado Islámico, bajó la presión ni distrajo la discusión por el tema de los correos publicados en NY Times entre Trump Jr. y el Kremlin. Una lección de oro para todos los spin doctors en tiempos de Twitter y Facebook: no hay cortina de humo ni de muertos que sirva ya para acallar un escándalo.

El tema de la relación EU-Rusia en los tiempos de su pasada campaña electoral, es su escándalo más fuerte, pero no el único; aunque sí es el que puede llevar a Trump a un juicio que, en una de ésas, lo saque de la Casa Blanca. Ya hay una investigación en curso a cargo de Robert Mueller, uno de los abogados más respetados del país, quien elevó sus bonos luego de dirigir a un FBI que debió mostrar fortaleza luego de los atentados del 9-11. El mismo FBI que perdió a su director, James Comey, por mandato presidencial porque, muy a su estilo, Trump decidió sacar de la jugada a alguien que le resultaba incómodo por la investigación en marcha. La democracia del, todavía, país más poderoso del mundo está en juego, porque su institucionalidad está en manos de alguien que, no dudo, sería capaz de llamar traidor a alguien de su propia sangre con tal de salvar su pellejo, aunque la evidencia sea contundente. Ése es uno de los peligros que un personaje como Trump le trae al mundo: la normalización de la impunidad… y no es que nos falten ejemplos de ello.

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