Nudo gordiano – Y sus defectos…

Abr 5, 2018 / 10:52 am


Yuriria Sierra

Ochenta y siete días a partir de hoy. Así la cuenta regresiva rumbo al 1 de julio. ¿Quién de los candidatos será el que mejor aproveche sus virtudes (de las que ayer hablamos en este espacio)? ¿Quién, el primero en ser presa de sus defectos? Y es que así como ayer reconocimos aquéllas, sus ventajas, también debemos —deben— aceptar que cada uno tiene uno o varios talones de Aquiles.

Andrés Manuel López Obrador, se sabe, (y lo dicen quienes han trabajado cerca de él), tiene un perfil vertical, de corte autoritario. Le resulta difícil sentarse y escuchar. Hemos visto que no es un personaje afecto a la crítica, al cuestionamiento, al debate. No los sabe recibir. Reacciona, a veces con humor, a veces con agresión ante ella para desacreditarla. AMLO se cierra ante las posibilidades. No es un negociador. Ordena, quiere que las cosas sean a su modo. Le teme a lo nuevo y a todo lo que sea distinto a él. Y, como consecuencia, viene el envejecimiento de su visión del mundo y las respuestas que planea para las dolencias del país. AMLO ha visto crecer su movimiento en las dos décadas que lleva en campaña (sobre todo como consecuencia de los errores de los gobiernos en turno), pero no ha movido un ápice su visión del mundo ni del país. Queda claro cuando tienen que salir sus voceros a matizar sus declaraciones. Por último, puede ser víctima (al igual que en 2006) de un exceso de confianza: darse por ganador desde ahora lo pone en la posición del plato a la boca y la cantada sopa.

El principal defecto de José Antonio Meade está siendo la incapacidad para desmarcarse de los vicios del partido que hoy lo postula. Ninguno de los otros candidatos pone en duda su capacidad ni su preparación, ¿pero cómo puede posicionarse sin que el pasado del PRI sea un factor que le reste bonos? Meade camina a contracorriente, cargando puras cruces que ni suyas son, porque ha tenido que cumplir con la liturgia que lo ha alejado del perfil ciudadano que debió aprovecharse desde su destape. Y es que la apuesta por la conciliación del candidato (sin duda una virtud a la hora de negociar con quien sea) se le está volviendo un lastre en la campaña, porque le impide dar un manotazo y expresar lo que no le gusta dentro de los rituales del priismo. Y para tomar distancia de muchos de sus indeseables militantes. Meade no quiere pelearse con nadie, pero para hacer campañas hay que saber ponerse bien los guantes. De hacerlo, sus bonos frente al electorado subirían a mayor velocidad. Meade no es el PRI ni es priista, pero no ha encontrado todavía la manera de mandar ese mensaje.

Ricardo Anaya, por su parte, también es presa de la que también es su cualidad. Su sangre fría lo hizo candidato, pero también lo ha aislado y le ha ganado enemigos gratuitos. Para convertirse en candidato pasó por encima de quien fuera: de figuras que toda su vida caminaron de la mano del PAN, exlíderes del partido, senadores, diputados, expresidentes del país y exprimeras damas, además de algunos de sus aliados en la tan cantada alianza. No falta gente afuera (y también adentro) que tiene muchas ganas de verlo caer en la contienda. Su arrojo lo hizo candidato, pero también ha puesto la semilla de la desconfianza alrededor de su propia imagen. Otra de sus virtudes también se ha convertido en defecto: se le mira “sobretrabajado” en su comunicación; nunca se le mira fresco ni con capacidad para improvisar: siendo el más joven, se puede convertir en el más acartonado de todos los candidatos.

Margarita Zavala no ha logrado dibujar una imagen verdaderamente independiente. Ya lo hemos dicho aquí: sigue andando con los principios más panistas y conservadores. Construye su proyecto tal como lo hubiera hecho dentro del PAN, como si aún tuviera que cumplir con los estatutos del partido. No ha liberado su agenda. Desperdicia la oportunidad de hablarle al electorado disgustado con la partidocracia: los que odian al PRI y a AMLO. Dirige su mensaje sólo a los panistas antiAnaya. En ningún tema. En ninguno. Ni siquiera le ha sacado provecho al hecho de ser la única mujer de la contienda.

Si las virtudes de cada candidato les auguran sufragios, sus defectos, más que derrotas, les pronostican autogoles. La campaña está empezando o al menos su recta final, pues llevamos meses hablando de ellos; pero parece que ninguno se ocupa en darle la vuelta a sus debilidades. ¿Así planean llegar al 1 de julio? El fortalecimiento de su propia imagen también suma. No todo es el golpe al contrario.

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