Patria (volumen independiente)

Dic 20, 2017 / 11:52 am

Juegos de poder

LEO ZUCKERMANN

Llega el fin de 2017 y con ello la tradición de escribir sobre el mejor libro que leí este año. Como suele suceder, está difícil la selección. He decidido dividirlo en dos. Hoy, reseñaré la novela que más me gustó y, mañana, un libro de no ficción. Comienzo, pues, con la magnífica obra del escritor donostiarra, Fernando Aramburu Irigoyen, titulado Patria (volumen independiente) publicado por Tusquets.

Hace poco, en Guadalajara, me encontré con Fernando Savater. Hablamos un buen rato, en privado, de este libro. Me interesaba mucho conocer su opinión tomando en cuenta que el filósofo español ha sido uno de los más tenaces y agudos críticos de la ETA, la organización terrorista —Euskadi Ta Askatasuna— que luchaba en favor de la independencia del País Vasco. De hecho, la primera vez que conocí a Savater en casa de Héctor Aguilar Camín, me llamó la atención los escoltas que lo cuidaban. Luego me enteré que la ETA lo tenía amenazado. En fin, que Savater estaba muy contento por el gran éxito que ha tenido Patria en España (si bien entiendo es el libro más vendido este año en ese país) porque, según él, los españoles, de todas las regiones, estaban finalmente entendiendo la magnitud del terror que durante años sembró la ETA. Ésa es, precisamente, la mayor virtud de Patria: a través de una historia de ficción, el lector respira el horror de esta organización. Es una obra de arte que resume la monstruosidad humana, una especie de

Guernica de Pablo Picasso, pero en novela.

La genialidad de Aramburu es que cuenta una macrohistoria —la guerra de los terroristas etarras en contra del Estado español— a nivel micro las consecuencias de este enfrentamiento en dos familias en un pequeño pueblo vasco. El resultado es magnífico. Dícese que en los pueblos chicos, los infiernos son grandes. Pues he aquí que el gran averno etarra se entiende a la perfección en la pequeña vida cotidiana de los entrañables y detestables personajes que conviven en un pueblecito.

En el centro de la novela se encuentra dos familias y, para ser más precisos, dos mujeres. De un lado, Bittori, amargada por el asesinato de su esposo, Txato, un modesto empresario ejecutado por la ETA por haberse rehusado a pagar el impuesto revolucionario. Del otro, Miren, también amargada por el encarcelamiento de su hijo Joxe Mari, etarra por convicción. Ambas fueron grandes amigas. Ambas las separó la maldita lucha política.

Y ambas acaban siendo, como sus parientes, víctimas de la ETA. Uno de los méritos de la novela es que no hay un maniqueísmo grosero. Por el contrario, gracias a los matices, uno va cambiando de opinión sobre víctimas y victimarios. Lo vemos muy claro con Joxe Mari, joven que va bebiendo cada vez más el licor del nacionalismo hasta que, ya borracho, se une a la ETA. Acaba siendo víctima, por un lado, de sus jefes etarras y, por el otro, de la Guardia Civil española. En este proceso se transforma en un horror de persona, dispuesto a aterrorizar con tal de hacer realidad un delirio nacionalista, socialista y revolucionario.

El estilo narrativo de Patria no es fácil. Las historias se sobreponen en distintos tiempos. A ratos puede confundir, pero todo va aclarándose y cayendo por su propio peso. Las historias terminan teniendo sentido, de tal suerte que, al acabar la novela, no queda otra más que aplaudir la profundidad y complejidad del texto.

Patria comienza en una fecha emblemática: el día que la ETA depuso las armas. Desde entonces, el País Vasco ha florecido. Sigue ahí presente, sin duda, el independentismo, pero ya no con el fanatismo del pasado que tanto envenenó a las comunidades vascas. Esto ha permitido que un autor donostiarra escriba una novela como Patria y que el buen Fernando Savater ya no traiga escoltas (ya no las traía en Guadalajara). Es un gran avance. Como es el que los españoles se estén enterando, gracias a Aramburu, de lo que pasó en Euskadi con una banda de secuestradores, extorsionadores y asesinos que se creían defensores de la patria. El problema es que el delirio nacionalista, basado en el odio a los otros, está despertando en otras regiones del mundo. En España, ahí está Cataluña. No ha llegado, por fortuna, al extremo de lo ocurrido en el País Vasco. Y espero que no llegue porque, como narra el libro de Aramburu, eso acaba jodiendo todas las relaciones familiares, vecinales, amistosas y comunitarias.

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