… y el dinomacho estaba ahí

Christian Ramirez
Christian Ramirez 30/08/2023
Updated 2023/08/30 at 10:15 PM

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

En la política mexicana, donde los guiones cambian, pero los actores suelen permanecer, nos encontramos nuevamente con una historia que revela las entrañas del patriarcado persistente en el ámbito político. Alejandro Moreno, líder nacional del PRI, ha desatado una tormenta con su reciente anuncio sobre las supuestas encuestas (que ni siquiera presentó) que colocarían a Beatriz Paredes por detrás de Xóchitl Gálvez, la candidata del PAN. Tanto el “madruguete” como la falta de evidencia oficial sobre dichas encuestas deja un profundo olor a traición y a grilla muy sucia en el aire.

Para nadie es un secreto que Alejandro Moreno se siente dueño del PRI. Muchos de sus militantes se rebelaron ante su intento (claramente exitoso) de quedarse, a la mala, en la dirigencia partidista. Además de todos los escándalos que lo acompañan, lo que queda claro es que a él no le importa pasar por encima de quien sea con tal de preservar el control y el poder de su cada vez más desprestigiado partido. Pero no parece importarle esto ni el hecho de que una política del tamaño, la preparación y la experiencia de Beatriz le estaba regresando algo de dignidad al tricolor. Como un macho herido en su fantasía de control y de dominio, Alejandro Moreno salió a hacer las mencionadas declaraciones sin importarle que con ello le faltaba profundamente al respeto a Beatriz, sino también a Xóchitl, porque lo que está haciendo es ensuciar gravemente el proceso del Frente Amplio por México.

La política, a pesar de los avances hacia la igualdad de género, sigue siendo un territorio donde los códigos del patriarcado encuentran refugio. El anuncio de Moreno, aunque puede parecer un simple comentario, refleja una negación obstinada de la realidad que tanto Paredes como Gálvez enfrentan día tras día. La lucha de las mujeres en la política no se limita a pertenecer a un partido u otro, sino a hacerse un lugar en un mundo que históricamente ha estado dominado por hombres.

Más allá de los números, este “madruguete” revela la estrategia de algunos líderes políticos que parecen seguir aferrados a las artimañas del pasado, en lugar de abrazar la apertura y la honestidad que el electorado moderno exige. 

Beatriz ParedesXóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum son hoy las tres figuras prominentes en la política mexicana, cada una con su historia, enfoque y visión. Alejandro Moreno (al igual –seguramente– que muchos otros hombres) no está logrando “darle el golpe” al hecho de que muy probablemente la contienda por la Presidencia de México será entre dos mujeres, pero, además, todo huele a que quiere sacar algún provecho político de ello (y sentirse, de paso, paladín del patriarcado: todos esos dicen que alguien “maneja” a Xóchitl Gálvez, pero también que alguien “maneja” a Claudia Sheinbaum).

En un momento en que la participación femenina en la política debería estar avanzando hacia una verdadera igualdad, este episodio parece indicar que hay quienes siguen aferrados a los esquemas de poder del pasado. No se trata sólo de Paredes y Gálvez, sino de todas las mujeres que han luchado por un lugar en la política y que merecen un espacio donde sus voces sean escuchadas y respetadas, independientemente de las cifras de una encuesta.

En resumen, el anuncio de Alejandro Moreno respecto a las supuestas encuestas y la posición de Beatriz Paredes Xóchitl Gálvez es un recordatorio de que el patriarcado político aún tiene raíces profundas en nuestro sistema. Y cuando desperté, el dinomacho estaba ahí.

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