Redacción
Paris, Francia
La ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París 2024 fue un evento que superó todas las expectativas. A pesar de la lluvia que arreció por momentos, el espectáculo fue un canto al buen gusto y una demostración de la grandiosidad y vanguardismo de la ciudad anfitriona.
La ceremonia comenzó con un desfile de los equipos olímpicos a lo largo del Sena, que fue el elemento clave en otras ediciones, pero que en esta ocasión quedó devorado por la grandiosidad del escenario. Sin embargo, la integración de las pantallas a lo largo del río permitió recordar a Saint Exupery con “El Principito”, el libro de toda una generación.
El desfile avanzó hacia la zona deportiva, con mucho protagonismo hacia las bicicletas, que el Tour de Francia manda, y saltó a la moda. Más de 1.800 personas trabajaron en todos los trajes de un espectáculo que movilizó a 20.000 personas el viernes.
La ceremonia se planeó en 12 etapas que reflejaban las virtudes de Francia: encanto, sincronía, libertad, igualdad, fraternidad, hermandad, deportividad, fiesta, oscuridad, solidaridad, solemnidad y eternidad. Cada etapa fue un espectáculo en sí mismo, con un enigmático personaje con la cara cubierta por una malla que viajó en tirolina de lado a lado del río a la altura de Notre Dame, y que retomó la antorcha en la tarde-noche parisina para ser protagonista.
La vasta riqueza cultural francesa permitió todo eso. La música saltó de Lady Gaga a la canción, a música rock de Gojira para subrayar a la Revolución Francesa y la libertad, y al Conspiración de la ópera Carmen. El anónimo protagonista hizo tantas cosas y tan diversas en el guión de Thomas Jolly que lo encarnaron varias personas. El último, el que montaba a caballo, era una oficial de la gendarmería.
La ceremonia se cerró con un final de fantasía y en el que intervinieron Zidane, Nadal, Serena Williams y Carl Lewis, en un mensaje de universalidad de la capital del mundo. La Torre Eiffel se iluminó de azul y el presidente Macron se levantó a dar palmas, en un momento de alegría que se llevará a la boca.
En resumen, la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París 2024 fue un espectáculo de grandiosidad y vanguardismo que superó todas las expectativas. Un evento que demostró la capacidad de la ciudad anfitriona para organizar un evento de alcance universal y que dejó un recuerdo imborrable en los asistentes y en los millones de personas que lo siguieron por televisión.













