Por: Martha Casas.
El incremento al salario mínimo ha colocado al sector de la vivienda en un escenario retador al arranque de este año, obligando a las empresas desarrolladoras a replantear su operación y optimizar procesos para enfrentar el encarecimiento de la mano de obra.Salvador Chávez Molina, presidente de la Cámara Nacional de Desarrolladores de Vivienda, advirtió que en ciudades como Durango el salario que tradicionalmente se pagaba en el sector prácticamente ya fue alcanzado por el mínimo, lo que reduce el margen de maniobra para las empresas.
En contraste, explicó que en zonas metropolitanas como Guadalajara o Monterrey los sueldos base ya se ubican entre los 15 y 16 mil pesos mensuales, por lo que el impacto del ajuste salarial es menor.Reconoció que esta situación representa un desafío real para mantener la eficiencia operativa, especialmente cuando algunos proyectos, como el de Vivienda para el Bienestar, ya cuentan con precios previamente establecidos que únicamente se actualizarán conforme a la inflación, lo que deja a los desarrolladores en una posición de desventaja frente al aumento de los costos.Ante este panorama, Chávez Molina subrayó que no se contempla el despido de personal, sino una reorganización del trabajo para producir más con los recursos humanos actuales.
Para ello, dijo, será necesario incorporar nuevas tecnologías y métodos constructivos, como sistemas prefabricados, moldes, concreto y block industrializado, que permitan acelerar los tiempos de obra y aumentar el número de viviendas construidas.Añadió que el impacto del aumento al salario mínimo no se limita al sueldo base, ya que también se incrementan las prestaciones, vacaciones, cuotas obrero-patronales y otros conceptos, lo que convierte este inicio de año en uno de los más complejos para el sector de la vivienda.



