La tradición se mantiene viva y familias enteras acuden al altar para colocar a los niños una medallita o un cordón bendito y encender veladoras como símbolo de resguardo ante picadura de alacrán
Texto y fotos: Geraldo Rosales
Cada 23 de abril, la ciudad de Durango se llena de fe con la conmemoración de San Jorge, a quien la tradición religiosa identifica como emblema de la lucha contra el mal y guardián frente a peligros físicos y espirituales. Su representación más conocida, venciendo a un dragón, ha sido interpretada a lo largo de los años como el amparo ante las amenazas que ponen en riesgo a la comunidad.
La veneración llegó con la colonización, cuando los españoles trajeron la devoción a tierras duranguenses. Con el tiempo, la presencia de animales ponzoñosos en la región, sobre todo alacranes, reforzó la creencia en su poder protector y llevó a nombrarlo patrono de la ciudad. De ahí nace la costumbre de pedirle a San Jorge que “amarre a sus animalitos con un cordoncito” para mantenerlos a raya.
La tradición se mantiene viva y familias enteras acuden al altar para colocar a los niños una medallita o un cordón bendito y encender veladoras como símbolo de resguardo. A esto se suma la bendición de los hogares y el uso del cordón como amuleto de protección. Desde hace algunos años, también es común que las mascotas sean llevadas a recibir la bendición un día antes de la fecha principal.
Año con año, la devoción a San Jorge se renueva y confirma la profundidad de las raíces culturales y religiosas de Durango, donde el santo continúa siendo invocado como defensor de las familias y de la ciudad ante cualquier adversidad.



