“Y si, sí”, la frase se repite en las pláticas de amigos, en las oficinas, en los grupos de WhatsApp familiares, en las gradas y en las sobremesas, una frase corta, casi tímida, que esconde algo mucho más grande que un resultado deportivo: la posibilidad, otra vez, de creer.
México es anfitrión del Mundial más grande de la historia, 48 selecciones, 104 partidos, tres países unidos por un balón, y nosotros con la responsabilidad y el privilegio de recibir al mundo en casa, ¿Cuántas veces se presenta una oportunidad así? La selección abrió el torneo ganando en el Estadio Ciudad de México, y desde ese silbatazo inicial algo se encendió en el ánimo colectivo, ya no hablamos solo de fútbol, hablamos de la posibilidad de llegar, por fin, a ese quinto partido que nos ha esquivado desde 1986.
¿Por qué no creer? Llevamos años acostumbrados a la cautela, a la frase “jugamos como nunca, perdimos como siempre”, al pesimismo que algunos confunden con realismo, pero esta vez algo es distinto, esta vez jugamos en casa, esta vez el “y si, sí” no es solo una ilusión pasajera, es una invitación a recuperar la fe en lo propio, en lo nuestro, en lo que somos capaces de construir cuando decidimos creer.
Y aquí quiero detenerme, por que ese “y si, sí” no debería quedarse en la cancha. ¿Por qué somos capaces de creer en once jugadores con un balón y no somos capaces de creer en nosotros mismos el resto del año? Le exigimos a la selección confianza, garra, entrega, pero a la hora de elegir qué comprar, a quién contratar, a qué negocio apostarle, muchas veces dudamos primero de lo nuestro, ¿No es esa la misma desconfianza que tantas veces hemos sentido hacia nuestro propio país?
He platicado con decenas de emprendedores duranguenses, todos comparten algo en común, empezaron creyendo en una idea cuando nadie más lo hacía, apostaron por ellos mismos cuando el camino fácil hubiera sido rendirse o copiar lo que viene de fuera, esa es exactamente la fe que hoy le tenemos al Tri, la diferencia es que a ellos se la regalamos sin pedirles nada a cambio, y a nuestros propios emprendedores, a nuestros propios productos, muchas veces se la negamos.
Consumir local no es una moda ni un favor, es un acto de fe en nosotros mismos, cada vez que elegimos lo de aquí en lugar de lo de fuera por simple costumbre o por la idea de que “lo importado es mejor”, le estamos diciendo a un compatriota que no creemos en lo que hace, y cada vez que le damos la oportunidad a lo nuestro, estamos haciendo exactamente lo mismo que hacemos cuando gritamos un gol del Tri, estamos creyendo en México.
Este Mundial es una oportunidad enorme más allá del resultado deportivo, no por lo que el mundo vaya a ver de nosotros, sino por lo que nosotros mismos podamos volver a ver en nosotros, la oportunidad de quitarnos ese pesimismo crónico que cargamos como sociedad, de dejar de pensar que aquí nada se puede, que los buenos resultados son cosa de otros países, de otras personas, de otra gente con más suerte.
Si somos capaces de ilusionarnos con que México llegue a la final, con la misma fuerza deberíamos ilusionarnos con que el negocio del vecino crezca, con que la marca local se expanda, con que el talento mexicano no tenga que irse a otro lado para ser valorado, ese es el verdadero “y si, sí” que nos puede cambiar como país, no el que depende de un marcador, sino el que depende de nosotros todos los días.
Este Mundial pasará, ganemos o perdamos, los goles se olvidan, lo que se queda es si aprendimos algo de esta euforia colectiva, si entendimos que la fe que le tenemos a once jugadores cabe perfectamente en nuestra propia vida, en nuestras propias decisiones, en lo que elegimos consumir, apoyar y construir todos los días.
Así que la próxima vez que digas “y si, sí” pensando en la Selección, dilo también pensando en ti, en tu negocio, en tu ciudad, en el pequeño emprendimiento del vecino, en el producto local que puedes elegir antes que el importado, por que el verdadero triunfo de este Mundial no se mide solo en goles, se mide en cuántos volvimos a creer en nosotros mismos.
Yo estoy convencido que México cree en México…
Alex Treviño
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