El Marathon de Boston 2018

Abr 28, 2020 / 19:28 pm

Por Sandra Díaz
Tiene ya 2 años que corrí el Maratón de Maratones y todavía lo recuerdo como si fuera ayer.
En ese entonces le prometí a don Miguel Angel Vargas Quiñones que escribiría una reseña de mi experiencia y le fallé porque tenía poco de haberme mudado a Morelia y el acomodo de la vida me absorbió tanto que llegó el 2019 y nos volvimos a mudar 😪 y yo sin escribir nada.
En este 2020, con motivo de la pandemia 👑🦠 que estamos viviendo, por primera vez en 124 años, la tradición de correr Boston el Día del Patriota se ha roto 😪.
Pareciera que con el encierro tenemos más tiempo, pero sé que much@s que están en las mismas, saben que dirigir una casa con todo lo que implica, atender al marido y l@s hij@s, hacer homeschooling y demás, no te deja mucho tiempo.
Sin embargo, me hice la promesa de escribir para mis memorias y para cumplir (tarde pero seguro con mi promesa) procedo a compartir mi experiencia de Boston 2018.
Here I come… Sonando el despertador, abro mis ojos 👀 con mucha emoción, consciente de que había llegado el día tan esperado, me estiro un poco en la cama e inicio la rutina ☕️🧻🍌 de antes de una competencia.
Desde mi ventana pude ver que era un día muy especial. A pesar de que el día anterior tuvo un clima apto para un maratón, ahora llovía 🌧a cántaros y el viento soplaba tan fuerte 🌬que movía todo a su paso.
No estaba preparada para la lluvia, pero me puse lo mejor que me encontré en las opciones de ropa que llevé… me puse lycra larga, playera de manga larga, guantes, mi cangurera, vicera y lentes.
Me despedí de mis hijas con un beso, seguían dormidas y la noche anterior ya me habían dado la bendición. Me despedí de Alex que me deseó toda la buena vibra del mundo y salí con un sentimiento 😌muy positivo, en realidad no sabía lo que me esperaba, pero eso si… me veía cruzando esa meta 🏁
Bajé a la recepción y los del hotel estaban regalando plátanos 🍌, café ☕️, panecitos y sobre todo bolsas de basura para usarla como impermeable y pudiéramos cubrirnos un poco de la lluvia. Ese impermeable improvisado fue una verdadera ayuda hasta el momento que lo deseché 🙈 (mi inexperiencia salió algo cara, pero ya llegaré a eso).
Hasta ese momento me di cuenta el increíble hotel 🏨 que Alex había elegido, estaba a unas cuantas cuadras del parque en el que se reúnen los corredores.
Cuando llegue al parque la seguridad 👮🏼era algo que nunca antes había visto, nadie que no fuera corredor podía entrar a la zona de carpas de guardarropa y baño. Nos revisaban de uno en uno porque el atentado de dos años atrás había hecho que la seguridad fuera como de aeropuerto.
Yo pensé que esa era la línea de salida. NO TENÍA UNA IDEA 💡 DE LO QUE VENÍA.
Vi una enorme fila de corredores, que por cierto tenían sus impermeables y cargaban bolsas con ropa y tenis secos 😱.
La fila de corredores era para abordar un camión de escuela 🚌 que nos llevaría a la línea de salida. Las filas avanzaban bastante rápido, se llenaban unos 8 camiones y en grupo salían.
El camino duro aproximadamente 1 hora, en ese rato logré secarme por completo. Durante el camino por mi mente pasaban muchos pensamientos pero uno de ellos era… ”*pasé muchas cosas para llegar a este momento… disfrútalo*”, en otros momentos 🙏🏼oraba y en otros escuchaba 👂🏼las conversaciones de los corredores que hacían esto por segunda, tercera o cuarta vez.
Por fin llegamos a un estacionamiento inmenso, el orden de los gringos impecable a pesar del caos provocado por la lluvia, y a mojarse otra vez 🌧, la zona de cabinas de baño (al que me urgía pasar) estaban enlodados y las cabinas con mucha fila y pues ni modo 🤷🏻‍♀‍… a hacer fila con los pies empapados y hechos el peor de los desastres.
Sentí que tardé una eternidad, en el micrófono escuchaba que los corredores con el color de mi “bib number” debíamos empezar a caminar a la línea de salida, me empecé a poner nerviosa 😥, por fin salí y empecé a caminar hacia donde nos pedían, todos estaban empapados y caminando todos encimados y medio a empujones hacia donde todavía ni siquiera era la salida, era un punto de revisión en el que si el color de tu número no era el que llamaban, te regresaban y claro que no fallaron los vivos que querían pasar antes de tiempo. Por eso el caos para llegar a ese punto porque me encontraba con gente que venía caminado de frente porque los habían regresado 🤬 empeorando las cosas.
Pasado ese punto de revisión, ya no había amontonamientos, seguí caminando, fueron unos 800 mts. y seguía sin ver la línea de salida.
Por fin llegue a dónde habían más baños, la gente se cambiaba en ese momento a su ropa seca y unos metros más adelante se podía ver el tapete de salida.
Yo protegida de la ropa por la bolsa de basura pero con los tenis encharcados y enlodados me acerqué al tapete, me quité la bolsa porque pensé que me iba a estorbar (error garrafal) le puse START a mi reloj y empecé a trotar suavemente a las 12 del día 😱(hora en la que NUNCA había iniciado un maratón), empecé a calentar los músculos para los kilómetros que venían, en el kilómetro 1 ya no había parte de mi cuerpo que no estuviera empapada 🤷🏻‍♀‍🙈
Corriendo al ritmo que mis piernas lo permitían empecé a sentir confianza pero en el kilómetro 7 se me desamarró una agujeta, paré y la amarré (pero la amarré mal) el frío todavía no lo sentía pero la fuerza en mis manos ya no era la misma.
En el kilómetro 11 se volvió a desamarrar, paré a amarrarla pero mis dedos no reaccionaban así que me regresé unos cuantos metros a pedirle a una señora que me amarrara las agujetas, las amarró tan bien que me apretaban, pero decidí no darle mucha importancia porque mentalmente eso no ayuda.
Seguí haciendo mi carrera y todo iba muy bien, disfruté el recorrido todo lo que pude, la gente con todo y el mal clima 🌨❄️🌬estaba afuera de sus casas, algunos hasta en traje de baño 🙈 con un mega frío haciendo barbecue, super excéntricos los canijos 😂😂. Las calles de cada barrio que pasaba tenían su encanto y me dediqué a ver construcciones hermosas, parques increíbles y gente loca que nos apoyaba a todos y cada uno de los corredores que pasábamos frente a ellos.
Me distraje tanto que no sentí las subidas que me contaron que eran tremendas. Mi mente estaba con un chip fabuloso.
En el kilómetro 27 me encontré a mi persona favorita, Sergio Jiménez, que me entrenó para mi calificación a Boston 2 veces y me entrenó para correr ese día (16 de abril de 2018) el Maratón de Maratones. Me vio, me dijo que me veía fuerte y que siguiera con paso firme. Verlo a mi me inyectó energía para continuar aunque a partir de ese momento empezaron a presentarse complicaciones que hicieron este maratón, una de mis pruebas más difíciles.
En el kilómetro 29 me dieron ganas de hacer pipí, pensé que en la siguiente cabina que encontrara me iba a detener, y así fue… pero esa parada me hizo perder algo de temperatura muscular y mucho tiempo.
Ha sido la más frustrante de las idas al baño en competencia. Perdí unos 5 minutos porque mis manos no reaccionaban, bajarme las lycras, limpiarme y volver a subirlas fue una tarea titánica. Me dolía cada músculo del cuerpo y las manos no las sentía.
Después de una eternidad pude salir para continuar, pero retomar el ritmo fue complicado. Sin embargo, mantenía la mente en mi objetivo, pensando 🤔 que llegando a la meta, iba a ver a Alex y a mis niñas 👨‍👧‍👧. Así que seguía adelante con ese pensamiento que fue el que me mantuvo optimista.
Cómo en el Kilómetros 32, el dolor era tan intenso, que era momento de tomar un analgésico urgentemente, trate de abrir mi cangurera, pero mis manos eran inexistentes, así que alcé la vista y busqué a alguien a quien pudiera pedirle que me ayudara.
A unos 30 metros vi a una pareja muy entusiasta, el sostenía un paraguas (porque la lluvia nunca desapareció) y ella echaba porras con una voz potente 💪🏼y súper buena vibra, así que me subí a la banqueta y corrí hacia ellos, cuando me vio frente a ella se sorprendió 😳pero le pedí que sacara de mi cangurera una cajita en la que traía un analgésico y que lo pusiera dentro de mi boca… ella reaccionó increíble!!! No lo dudó ni un segundo, 👏🏼👏🏼 abrió mi cangurera e hizo todo exactamente cómo se lo pedí. Le agradecí con la mayor de mis sonrisas 😃y ella feliz me dijo: “ÁNIMO… la meta te espera”
Me hizo sentir increíble, nunca la olvidaré, lo malo fue que el analgésico me hizo lo que el viento a Juárez y corrí con mucho dolor hasta el final.
Trataba de no cogear ni apoyar mal mis piernas, sino mantener aunque fuera con dolor, la mejor de las zancadas para no empeorar la situación y a partir de ahí hasta la meta, fue una lucha constante por dominar entre mi mente y mi cuerpo, que de verdad hace de esta competencia, un evento que se grabó en mi mente y mi corazón, literalmente con sudor 😰y sangre 🩸
La lluvia 🌨, el viento 🌬y el frío 🥶eran imponentes.
Correr contra el viento me hacía sentir que no avanzaba.
Empecé a ver corredores en las carpas de primeros auxilios con hipotermia, calambres, llorando impotentes, adoloridos y muchos vencidos. Después me enteré del porcentaje de corredores que no terminaron, es de las ediciones en las que más desertores ha habido 😢.
Seguí adelante con todas estas cosas que iba viendo en el camino y decidí que eran motivos para continuar con más ganas de llegar a la línea de meta. Conforme avanzaban los kilómetros, buscaba a mi familia, no los veía, los últimos 2 kilómetros los corrí esperando verlos en algún momento, pero nunca los vi 🥺.
Los últimos metros fueron espectaculares.
Ver el reloj a lo lejos, el famoso logo del caballo y ver FINISH LINE 🏁 BOSTON 2018, me hicieron sentir escalofríos de emoción. Pasé esa meta FELIZ DE HABER NACIDO, por supuesto me detuve a pedir la foto 📸 del recuerdo y disfrutar inmensamente estar presente en ese AHÍ Y AHORA que me tiene enamorada de Boston.
Ya que terminé de disfrutar el momento, mi cuerpo no reaccionaba. No sabía donde estaba, no me acordaba del nombre de mi hotel, no veía a Alex y las niñas y no sentía nada en mi cuerpo.
El frío 🥶 era terrible, nunca en mi vida me había sentido así.
Pedí ayuda al primero que se me atravesó, me dio mi paquete de recuperación y la manta metálica que no calentaba ni para remedio, me mandó para donde no había nada ni nadie, caminaba dando vueltas sin saber para donde jalar, un policía me vio y me dijo que habían tantos corredores con hipotermia que habían habilitado un auditorio como zona de recuperación, sólo que me mandó al auditorio seguramente con las instrucciones correctas y yo caminé para otro lado, sentía que si pronto no llegaba a un lugar cerrado, no iba a poder seguir.
Gracias a Dios, por fin encontré el auditorio, me dejaron entrar con dificultades porque había cientos de personas afuera preguntando por sus familiares. Si no tenías número no podías entrar.
Entré y apenas si pude subir las escaleras del lugar para por fin sentarme. Traté de sacar mi teléfono, mis manos no servían. Pensé que lo mejor era quitarme la ropa así que con muuuuuuuucha dificultad me pude quitar los tenis, pero no podía más. Una niña que ya tenía rato de haber llegado y ya había recuperado su temperatura, me vio tan mal que se acercó para ayudarme, ella me quitó la playera y las lycras y me quedé solo envuelta en la manta metálica que me habían dado.
Los minutos pasaban y yo no mejoraba, me urgía hablarle a Alex y saber donde estaban, pero seguía sin poder agarrar el teléfono.
Cuando pude empezar a hablar, le pedí a alguien que si podía marcarle a mi esposo, me ayudó a comunicarme con el. El y las niñas estaban afuera del auditorio, sin poder pasar, buscándome. Cuando Alex supo que si estaba dentro del auditorio, me mandó con alguien de la entrada una bolsa con mi ropa y tenis secos.
Cuando llegó la bolsa a mis manos intenté empezar a cambiarme, pero la hipotermia fue tal que tarde más de media hora en recuperar la movilidad.
Mientras, mis pobres hijas y mi pobre marido, afuera del edificio, con la lluvia interminable y un frío infernal.
Después de un largo rato logré vestirme, pararme y bajar los escalones para poder salir.
Me urgía abrazar a mis 3 amores y compartirles la emoción que sentía y la aventura que acababa de vivir. Lo que yo no sabía era que ellos tenían su propia aventura que compartir. 😱 (pero eso es otra historia).
Cuando salí, tarde en verlos, tenía dos entradas el auditorio y yo salí por la que no estaban. Cuando los vi le grité a Alex y mis hijas corrieron llorando hacia mi… chiquitas!!! Estaban preocupadas por mi.
Cuando Alex me vio ya bien, me abrazó fuertísimo y en la lluvia 🌧 caminamos juntos hacia el hotel para poder darme ya un baño calientito y poder descansar.
Yo estaba preparada para correr este maratón en 3:30 horas, sin embargo, las inclemencias del tiempo no me lo permitieron. Hice un fabuloso 3:51 que dolió como si hubieran sido 3:20 😂.
Es una experiencia que jamás olvidaré y que llevaré en mi corazón por el resto de mis días.
Este año, al enterarme de la noticia de que por primera vez desde 1897 el maratón de Boston no se corre, solté un par lágrimas.
Esta pandemia está provocando cosas inéditas en la historia de la humanidad y le pido a Dios que, permita que la edición 2020 se pueda correr más adelante, como lo están planeando.
Esta pandemia seguro la venceremos, solo que ya se ha llevado por delante muchas vidas, muchos planes y no nos permite coincidir con nuestros seres queridos.
Si llegaste hasta aquí… GRACIAS POR LEERME. Siempre me ha gustado compartir estas experiencias con los amigos que de verdad me aprecian, en esta ocasión las circunstancias provocaron que hasta hoy lo hiciera, pero lo recordé como si hubiera pasado ayer y lo escribí con el mismo cariño de siempre. Espero que lo disfruten tanto como yo.
Hasta la próxima!!!

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