Esas no son maneras

Ago 5, 2020 / 20:34 pm

Galilea Olivares Guzmán
Durante el 2019 en México se registraron mil diez feminicidios y ni hablar de injusticias poco menos escandalosas, como la violencia de género y las violaciones. El ocho de marzo de este año las mujeres salieron a manifestarse en la calle, salieron a contar las historias que nuestras muertas no pueden y a reclamar justicia para ellas, salieron a querer decidir sobre su cuerpo y a exigir equidad; porque no, por más que se grite a los cuatro vientos que el machismo y la misoginia han quedado en el pasado, sabemos que no es verdad.
El día del paro a México le pudo más una pared rayada que miles de madres con carteles buscando desesperadamente a sus hijas; los mexicanos nos indignamos más por unos pechos al descubierto que por una mujer violada y semienterrada peor que animal. “Esas no son maneras” dijeron hombres y, tristemente, mujeres en redes sociales. Pero, entonces ¿cuál es la manera de exigir justicia?
En este país soy “feminazi” “atea” “hija del diablo” “hereje” por exigir mi derecho a la vida no a sobrevivir. En este país hay maneras para “arreglar” una muerte, una violación, un secuestro… hay maneras para ir y pedir que no violen y maten a mis hermanas por llevar una falda corta, pero no hay otra manera más aplaudible para castigar a un ladrón que golpeándolo dentro de una combi y aventarlo desnudo a la carretera. Y es que claro, el tipo se quiso llevar los teléfonos y el dinero que con tanto esfuerzo (más en esta pandemia) la gente gana; es entendible que México este harto de perder lo poco o mucho que tiene en un abrir y cerrar de ojos.
Pero, entonces ¿cuál es la diferencia entre estas dos situaciones? ¿qué hace a una tan diferente de la otra en cuánto a la aceptación social? “No hay comparación” he leído cuando perfiles de Facebook que repudiaban las marchas feministas y ahora aplauden el castigo al ladrón, se defienden ante la doble moral que se les imputa. ¿La diferencia? mujeres peleando por algo justo y hombres peleando por algo justo.
Y de cierta manera estoy de acuerdo: esos hombres, desgraciadamente, estuvieron en el lugar equivocado y a la hora equivocada; fueron victimas de otro hombre que por suerte solo se interesaba por lo material. Entonces, aquí la diferencia radica en que las mujeres no somos victimas del lugar y hora equivocados, si no del machismo y la misoginia arraigados en la cultura mexicana.
Como vengo diciendo desde hace algunas columnas, la empatía es crucial y necesaria: yo no golpearía a quien me intente robar, pero entiendo el cansancio y la sed de justicia de quien lo hizo; lo mismo debería pasar al revés.

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