¿La era de la privacidad? (México, 2020)

May 20, 2019 / 10:43 am

FRANCISCO JAVIER ACUÑA
Tendremos que consolidar un esquema de protección a los datos personales. El dilema será conseguir que, pese a las amenazas a la intimidad que producen internet y el celular, defendamos la privacidad como nuestra contribución a la época moderna
La modernidad se ha tornado voraz con el planeta y con la privacidad, ese espacio cada vez más reducido de las personas del mundo actual, una reducción causada por el voluntario e inconsciente asedio de las tecnologías informativas. La gente se adhiere y compromete a ese ámbito conocido como la privacidad, lugar en que radican los abismos interiores de la individualidad. El colofón del siglo XX devino en una advertencia de la época griega. El hombre volvió a navegar como al principio de la civilización, sólo que no conquistando los mares para luego comprender los océanos y la forma circular del orbe, sino a navegar desnudo (expuesto) por la realidad virtual. 
“Defender la alegría” a título individual y colectivo fue el lema y dilema de la segunda mitad del siglo XX, después de las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, que congeló libertades en los países del Este, avivó la militarización de las potencias y agrietó la esperanza de una evolución de la economía mundial basada en la igualdad de oportunidades para socializar el bienestar. 
Defender la alegría en los tiempos del sida, la depresión masiva en los países ricos, la pugna por la sobrevivencia de multitudinarias migraciones desesperadas hacia las grandes zonas económicas, las discriminaciones por raza, origen y religión no fueron la mejor manera de enterrar el siglo y comenzar el nuevo milenio. 
Apenas hace 20 años, Giovanni Sartori lanzó su Homo Videns (1998), un ensayo pesimista sobre el horizonte del nuevo tiempo en flagelo de la evolución de las personas (sus fortalezas intelectuales y habilidades para explotar los beneficios de las nuevas tecnologías), una decepcionante conclusión por la pasividad de la creatividad del intelecto ante la postración de la televisión que hacía del ciudadano un mero receptor de imágenes, un miserable consumidor de programas de “entretenimiento” dirigidos a controlar su pensamiento al nivel de agotar sus energías interpretativas de la realidad sociopolítica y cultural. 
Sartori advertía que la era de la multimedia llegaba con señales ominosas, la extinción de la lectura como hábito básico de la formación intelectual y la anulación de la imaginación ante la saturación de imágenes impuestas vía el televisor. Aseguraba que Internet vendría a ubicarse en el centro de la vida individual y comunitaria y predecía que en cada casa habría un ordenador (una computadora conectada a internet), ventana del hogar a un circuito virtual y, por ello mismo, al vacío.
Sartori hablaba de que el homo sapiens degeneró en el homo videns (hombre televidente), “niño video”, la paradoja del progreso tecnológico que hizo de la televisión un instrumento útil para una vida inútil.
Sin jamás restar mérito al pronóstico del pensador italiano, en algo sólo no acertó, que la inteligencia humana supuestamente beneficiada por los grandes avances de las ciencias y los sorprendentes experimentos de las tecnologías, especialmente, de las tecnologías de la información tendría peligros adicionales.
A punto de cerrar la segunda década del siglo XXI, la degradación del homo sapiens continúa, pero ha reemplazando  al homo videns por un homo-Mobile (persona–teléfono celular), una nueva y magnética, por irresistible, cadena individual que ata a la humanidad entera, más allá de las disparidades económicas de los individuos, todos consiguen conexión a internet a costa de comprometer su ingreso o de plano ensanchar su endeudamiento. Todo el mundo (nunca mejor dicho), metido y sometido a la dimensión paralela del ciberespacio, el territorio expansivo de la Internet. El teléfono fijo de casa se ha vuelto una figura de ornato de mal gusto, hace veinte años el dilema era si el libro digital sustituiría al libro impreso, hoy es que siga habiendo lectores. En los días del internet de las cosas, la inteligencia artificial y el lucro digital, la suplantación de identidad y hasta la herencia digital, la vida privada se achica y la proyección de sus fragmentos se cuelan por el drenaje de la publicidad instantánea de las redes sociales y los grandes escaparates de los servidores masivos de información pública y privada (traicionada).
México, por vía del Inai, será sede de la Conferencia Internacional de la Protección de Datos Personales 2020. Tendremos que consolidar aún este esquema de protección (que en mucho debe ser de autoprotección). El dilema será conseguir que, a pesar de las amenazas a la intimidad que produce navegar permanentemente por internet y la comunicación por vía celular, superemos defender la privacidad como algo que confirme nuestra contribución a la época moderna.

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