La Iniciación Cristiana (2)

Abr 2, 2017 / 15:10 pm

Episcopeo

 

2 de abril del 2017

 

La historicidad de los acontecimientos cristianos evocados por los ritos, no tienen nada en común con lo ritos mítico-agrarios de los paganos. La gratuidad de la salvación y la universalidad de la redención y de la felicidad no pueden reducirse al particularismo de los cultos secretos en los que prevalece el Interés particular.

La fe cristiana hunde sus raíces esencialmente en el judaísmo: allí, junto con la circuncisión, encontramos un bautismo de purificación. Había todo un proceso para los prosélitos: a la catequesis  o instrucción le seguía la circuncisión, que en el siglo II quedó casi totalmente suplantada por el bautismo o baño público, para concluir finalmente con el sacrificio ritual.

Por los manuscritos de Qumrán, la historia de Flavio Josefo y el documento de Damasco tenemos abundante documentación sobre los ritos de los esenios. También ellos  tenían una especie de noviciado de iniciación, con etapas de agregación a la comunidad que consistían en la admisión a los baños y a un banquete final. El bautismo de Juan Bautista será el punto de llegada de este camino de iniciación, con la acentuación del aspecto de conversión interior y de agregación al resto del pueblo de Dios que espera el cumplimiento de las promesas mesiánicas.

Esta recuperación de la Iniciación Cristiana en general, lleva consigo consecuencias pastorales, como separar la realidad sacramental objetiva, de la experiencia progresiva del itinerario de fe del cristiano, que comienza con el Bautismo, se perfecciona en la Confirmación, se completa en la Eucaristía y se realiza en toda la vida propia, manifestándose también a través de los otros Sacramentos. La importancia de la fe, elimina todo riesgo de sacramentalismo mágico y automático.

A la interdependencia entre Fe y Sacramentos, corresponde la interdependencia intrínseca de los tres Sacramentos de Iniciación, considerados como tres etapas progresivas y no autónomas de un mismo proceso de conformación con Cristo. Por eso, toda inversión o separación de los elementos de la tríada se presenta como teológicamente insostenible.

La dinámica interna de este itinerario de Iniciación, que afecta a la sucesión orgánica de los tres Sacramentos, y a la respuesta de fe del sujeto, condicionada a su experiencia vital y evolutiva, se desarrolla esencialmente dentro de una Comunidad, en una interacción genética con la Iglesia parroquial, diocesana o universal, que tiene el título de Madre. Esta dimensión eclesial, equilibra a la misma pastoral, ordinariamente orientada hacia una salvación individual; y exige un esfuerzo de responsabilización de la Comunidad frente a los nuevos miembros que se integran a ella.

Del modelo antiguo al actual: el Nuevo Testamento no emplea el término de “Iniciados”, sino el de “iluminados”:  “recuerden aquellos primeros tiempos en que, después de haber sido iluminados, soportaron un combate tan grande y doloroso” (Hbr 10,32); la unción sacerdotal es también el tipo de la unción de la Confirmación. También pone de relieve el Bautismo de Cristo en el Jordán, en donde fue ungido por el Espíritu Santo: “Jesús de Nazaret, a quién Dios ungió con el poder del Espíritu Santo. Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con Él” (Hch 10,38).

Conocemos el primer ritual de la Iniciación Cristiana de principios del S. III, en la Tradición Apostólica de S. Hipólito, presbítero de la Iglesia romana, valiente defensor de la tradición y testigo de la praxis que se remonta a un siglo antes. En el período de instrucción y formación del candidato (catecumenado), encontramos tres etapas:  a) El primer momento va precedido de la moralidad y los motivos que impulsan al catecúmeno a entrar en la Iglesia. Tras este examen el candidato es admitido a recibir la instrucción. Es decisiva la presencia de los responsables que presentan al pagano a la Catequesis, que puede durar hasta tres años y consiste en lecturas, oraciones e imposiciones de manos del catequista. El martirio, que eventualmente sufra el catecúmeno, equivale a un bautismo en su propia sangre.  b) El segundo momento, trata del  nuevo examen de la vida del catecúmeno; si los testimonios son favorables, después de la imposición diaria de las manos, se puede escuchar también el Evangelio. El ritual se hace más completo durante el Triduo Pascual. c) El tercer momento, comprende la renuncia a Satanás inmediatamente antes del Bautismo, la unción de exorcismo, la triple confesión de fe, que acompaña a la triple inmersión.

 

Héctor González Martínez

Arzobispo Emérito

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