Línea estratégica

Jun 12, 2018 / 11:23 am

FRANCISCO ZEA

¡Tengo mucho miedo!

Cuando ocurre un evento traumático, que pone en riesgo real la vida de un ser querido, de alguien como una hija o hijo, es cuando, de nueva cuenta, nos preguntamos qué país queremos y qué demonios estamos haciendo con el que tenemos. Hemos llegado a un punto en donde violar la ley es algo que ya no se ve mal, incluso, se exige venganza en contra de aquel que se defiende de los delincuentes. Es el caso del oficial retirado del Ejército mexicano, quien siendo asaltado pudo tomar su arma de cargo ante una amenaza real e inminente contra su vida y disparar contra los agresores matando a uno e hiriendo gravemente al otro.

Cumpliéndose, claramente, los extremos de la legítima defensa y operando, entonces, una excluyente de responsabilidad penal, por lo cual después de ser dado de alta de un hospital en donde era atendido por un cachazo propinado por los “angelitos”, fue dejado en libertad, decretándose el no ejercicio de la acción penal, por las razones aducidas. Cuando están en el sanatorio, una turba encabezada por los familiares y amigos de este par de ratas, fue al hospital pretendiendo vengarse de la víctima. No sólo solapan a dos maleantes, sino que se indignan porque les matan a uno y hieren al otro. ¡No hay derecho, nos mataron al chamaco, era un niño! Un niño con un arma de fuego cargada y lista para ser usada y que estuvo a punto de disparar ante la insistencia de su cómplice de que se “chingara” al exmilitar que ofrecía resistencia. Simplemente, el mundo al revés. Es un claro ejemplo de que estamos perdiendo la cordura y la conciencia.

De la misma forma, la droga se puede conseguir con la misma facilidad que cigarros, poniendo en grave peligro a quienes caigan en sus redes o quienes engañados la ingieran. Esto sin contar todas las escenas de violencia en contra de candidatos, periodistas, políticos y ciudadanos en general en toda la República. El desprecio que tenemos como país por la ley es lo que nos tiene sumidos en esta espiral de violencia e impunidad.

Otro claro ejemplo es la recrudecida guerra sucia en contra de los candidatos, por todos los medios. El más reciente ejemplo es el video en donde uno de los hermanos Barreiro, habla con una empresaria argentina a la que le explica que a través de simulaciones inmobiliarias, Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, ganó 80 millones de pesos y lo que le han invertido para que gane, pues si lo hace se “van a ir al cielo”. Claramente, en ese video la plática entre los dos personajes sin pruebas, no vale absolutamente nada, creo que si la PGR tiene elementos es momento de mostrarlos y actuar en consecuencia, porque sólo están enrareciendo el ambiente electoral.

No se puede permitir que se ataque a un candidato a la Presidencia de esa forma sin pruebas y sin remitente. Es un acto bajo y evidentemente mediático. Pero de la misma forma me parece totalmente fuera de lugar de Anaya, quien minutos después subió a redes sociales un video, en el cual manifestó, de la misma forma en que lo acusan, es decir sin ninguna prueba, que el presidente Peña fue el autor intelectual del video que lo golpea, de la guerra en su contra y, de paso, lo responsabiliza por la seguridad de su familia.

De la misma forma que repruebo el ataque anónimo en contra del candidato, repruebo su acusación exprés en contra de Enrique Peña Nieto. Como padre de familia me pregunto, si nuestros excelsos candidatos, con sus ocurrencias y sus ataques mutuos, estarán preparados y conscientes de la gravedad por la que pasa el país, de la cantidad de dolor, desesperación, angustia, soledad y lágrimas que en todo nuestro lastimado México están enfrentando en todas las coordenadas del territorio nacional. Yo sí tengo miedo y mucho. Lo digo sinceramente y de frente. Tengo miedo por mis hijas. Tengo miedo por mí, por los que quiero. Y no de que gane “Ya sabes quién”, o de que se pelee con los empresarios o de que Trumpen un arrebato de insensatez nos haga llegar el dólar hasta 30 pesos.

No tengo miedo ni de que gane Meade o Anaya ni del PRI ni del PAN. No tengo miedo de Morena o del PRD, tengo miedo de que tengamos seis años más perdidos, de inmovilidad, de valemadrismo e incompetencia. Si eso pasa, los muertos y los desaparecidos estarán cada día más cerca de nuestro hogar. Creo, sin ser fatalista, que habremos perdido el país, sólo quedaría tocar fondo de una manera por demás dramática.

Por eso se lo digo de frente, querido lector, tengo miedo, mucho, de la incompetencia y de la estupidez. Tengo miedo por mis hijas, por mí, por usted. Tengo mucho dolor de ver este México tirado a la basura.

 

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