Por la espiral – Absurda guerra comercial

Abr 4, 2018 / 10:52 am

Claudia Luna Palencia

@claudialunapale

Cuando apenas buena parte del mundo más industrializado empieza a ver la luz al final del túnel de la recuperación económica, tras una larga depresión –la Gran Recesión- de ocho años de aciagos sacrificios, aparece Donald Trump y despliega su guerra comercial.

El impacto de su “america first” en la pequeña gran aldea global traerá consigo muy probablemente ecos y efectos negativos que, desafortunadamente, podría ralentizar (nuevamente) el PIB mundial.

Hay claroscuros: por un lado está su política fiscal que busca incentivar, premiar y privilegiar a los grandes corporativos estadounidenses, siempre y cuando, favorezcan la  repatriación de capitales a fin de  reinvertirlos en  activos fijos y empleo dentro de las fronteras de la Unión Americana en vez de hacerlo en las diversas opciones del mapamundi de la globalización.

En Europa, la política fiscal de Trump, ha sido evaluada desde dos perfiles: primero, que soterradamente esconde una forma de subsidiar a los corporativos y multinacionales estadounidenses que compiten en el exterior, les permite meterse en varios callejones  para ser más rentables y competitivos frente a terceros; y segundo, si bien las autoridades europeas la condenan por ser subsidiaria, también la envidian, no son pocos los empresarios europeos deseosos de imitarla.

Después está el álgido tema comercial y allí el crecimiento mundial preocupa, porque desde luego es una de las variables fundamentales para obrar en aras de su dinamismo y expansión o bien  de su ralentización y estancamiento.

Que el inquilino de la Casa Blanca le dispare flechas envenenadas buscando darle en la diana  mantiene en vilo a todos los promotores crédulos a favor del libre comercio y de los acuerdos y tratados. Menos barreras,  más mercados y más comercio.

No obstante, Trump cree todo lo contrario, piensa que elevando barreras, imponiendo impuestos ad valorem, semicerrando la economía, y autoprotegiéndose, terminará reduciendo el enorme déficit comercial de su país.

En realidad se equivoca… terminará trasladando al consumidor estadounidense el precio de los aranceles en los bienes, mercancías y servicios importados; también influirá en hacer menos competitiva a la industria local que, entre mimo  y mimo, querrá terminar imponiendo nuevamente al consumidor sus condiciones.

La literatura económica nos enseña, en sus sabias lecciones, que la protección a la industria local con políticas internas subsidiarias, políticas externas de elevación de aranceles y la manipulación de un tipo de cambio devaluado (para contener las importaciones y todo lo contrario favorecer las exportaciones) forja cotos de poder empresarial.

Es decir, se crea el caldo de cultivo propicio –en las condiciones arriba descritas- para que los productores locales intenten manipular los precios, alterar los canales de la oferta en detrimento de los consumidores; y peor aún, se organicen explícitamente en trusts, monopolios, duopolios, oligopolios y surjan otras distorsiones que, va de nuevo, terminarán afectando al consumidor, a la relación calidad-precio, a la elasticidad ingreso y demanda… por ende al ingreso y su capacidad de compra.

A COLACIÓN

El Fondo Monetario Internacional (FMI), en voz de Christine Lagarde, viene advirtiendo que una guerra comercial inesperada e innecesaria puede terminar lastrando el dinamismo del intercambio global y además de restarle competitividad, dificultará la generación de la riqueza en detrimento del PIB.

La pelota caliente entre Estados Unidos y China, con el resto de las economías como observadoras, en esta agria disputa por la gran cancha impactará no  nada más en el amplio crisol de la macroeconomía lo hará en el sensible tejido de la microeconomía.

Allí se verán los verdaderos costos y la respuesta,  ojo por ojo, que China recién anunció gravando a 128 productos estadounidenses importados por los chinos con normas ad valorem que oscilarán entre el 15% al  25% hasta que sumen  3 mil millones de dólares en aranceles.

El drama es que en la táctica de toda guerra se pulverizan muchos movimientos, pequeñas o grandes batallas en las que cada uno mueve pieza probando su fortaleza, así uno ataca y el otro contraataca.

Trump, el bravucón, ya amenazó con imponerle a China más aranceles a sus productos, en la Casa Blanca se estudia la iniciativa de gravar una amplia partida de mercancías chinas hasta por un valor de 50 mil millones de dólares.  Ninguno de los dos países saldrá victorioso en esta absurda y ridícula acorazada estadounidense resultado de la obcecación e ignorancia de su actual líder. Y las víctimas, como pasa en las guerras, serán millones… pero millones de consumidores.

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