Reliquia del Mártir cristero José Sánchez del Río de visita por Durango

Mar 22, 2017 / 18:14 pm

“Nunca fue tan fácil ganarse el cielo”

Ha recorrido muchas diócesis de la República Mexicana y estará aquí hasta el próximo 5 de abril

Texto y fotos por Geraldo Rosales

Durango, Dgo.

Las reliquias del Mártir cristero José Sánchez del Río (San Joselito) se encuentran en Durango recorriendo las principales iglesias y poblados, siendo la Catedral Basílica uno de los lugares que congregó a miles de fieles quienes le dieron la bienvenida al Santo, considerado mártir y héroe de la libertad en la época de la cristiada religiosa por la Iglesia Católica.

La reliquia del joven santo viene acompañada por la figura en cera que retrata la edad y la estatura del joven cuando murió protegida por un féretro transparente y encapsulada dentro de una cruz, se trata de un aparte ósea de su cuerpo que ha recorrido muchas diócesis de la República Mexicana y en Durango estarán hasta el próximo 5 de abril, aquí su historia:

LA FAMILIA SÁNCHEZ DEL RÍO

Durante este movimiento existieron miles de familias católicas que lucharon por defender la causa religiosa, entre ellas la familia entre ellas la familia “Sánchez del Río” compuesta por el señor Macario Sánchez y de la señora María del Río, quienes engendraron y educaron cristianamente a sus hijos: Macario, Miguel, José y María Luisa, los Sánchez del Río eran reconocidos como una de las familias principales del lugar, muy católicos y de rancio abolengo.

Hacía varios años que los Sánchez habían llegado de España y se habían acriollado en Sahuayo y los del Río eran de los importantes de Jiquilpan. Macario, el padre, era recto y noble, de convicciones firmes, se había convertido en un próspero ganadero y poseía un rancho en la sierra al sur de Jiquilpan llamado “El Moral”. Doña Mariquita, como cariñosamente la llamaban todos, era de corazón bondadoso y gran generosidad, se dedicaba a las labores del hogar y a la educación de sus hijos, como la mayoría de las mujeres en esa época.

EL PEQUEÑO JOSÉ

El pequeño José Luis Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán, fue un niño muy alegre y tierno, recibió el sacramento de la confirmación en una ocasión que visitó la Parroquia de Santiago Apóstol en Sahuayo por el Señor Ignacio Plasencia, obispo de Tehuantepec, el pequeño José tenía cuatro años y medio de edad y fue su padrino José del Río.

Su niñez la vivió de manera sencilla y tranquila, como cualquier niño de esa edad, le gustaba jugar a las canicas, era un niño sano, de carácter agradable, inquieto y travieso, amable y muy sencillo, muy obediente y cariñoso con sus padres, desde muy pequeño iba a la parroquia acompañado de su mamá y asistía al catecismo y a misa todos los domingos. Inició su educación primaria en Sahuayo, distinguiéndose por su bondad

Debido a la inseguridad que en ese tiempo la familia Sánchez del Río cambió su lugar de residencia a Guadalajara, siendo José todavía niño y continuó sus estudios primarios en Guadalajara, aproximadamente a la edad de nueve años hizo su primera comunión, era muy grande su devoto a la Santísima Virgen de Guadalupe y rezaba con gusto el santo rosario,.

EN SU ADOLESCENCIA ESTALLA LA CRISTIADA

Ya en su adolescencia, al estallar la cristiada sus dos hermanos mayores, Macario y Miguel, se alistaron en las filas de defensa de la libertad religiosa, bajo el mando del General Ignacio Sánchez Ramírez que comandaba las fuerzas cristeras de la región de Sahuayo. José no tenía todavía la edad suficiente para seguir el camino de sus hermanos mayores, pero con gran empeño estuvo solicitando que se le admitiera, a pesar de los consejos paternos que le hacían ver la poca utilidad que podían tener para la causa las acciones de un niño de poco más de trece años.

En Guadalajara y toda la región, el celo cristiano de Anacleto González Flores, activo miembro y líder de la A.C.J.M. (Acción Católica de la Juventud Mexicana) jefe y guía de la Unión Popular, inflamaba a la juventud tapatía en fervor y deseos de entrega por defender la fe. Su cruel asesinato ocurrido el 1 de abril de 1927 fue motivo de gran duelo para todo el pueblo que a pesar de la represión y las amenazas se volcó a las calles para tributarle póstumo homenaje y para acompañarlo hasta su última morada.

Este hecho doloroso afianzó a José en su anhelo de dar su vida por defender la fe que le habían inculcado sus padres y durante una peregrinación que hizo a la tumba de Anacleto, pidió por su intercesión la gracia del martirio. A partir de ese momento su resolución fue firme y con más insistencia se propuso solicitar su admisión en las filas cristeras.

Al verlo tan resuelto, su madre se oponía a sus intentos porque lo veía todavía muy pequeño, pero José le respondió con gran sencillez: “Mamá, nunca como ahora es tan fácil ganarnos el cielo”. De nada valieron las razones que le daban para que desistiera de su empeño y siguió escribiendo para solicitar su admisión a algunos jefes cristeros. Nada logró hacer mella en él, al contrario, parecía que cada dificultad que le presentaban le daba más tenacidad para insistir en su deseo. Hasta que venció al amor paterno y le dieron la bendición.

POR FIN CRISTERO

Ante la negativa del general cristero de la región de Sahuayo, en el verano de 1927, con ayuda de sus tías María y Magdalena, hermanas de su padre, emprendió el camino a Cotija para entrevistarse con el general cristero Prudencio Mendoza y hacerle su petición de viva voz. Providencialmente Dios le concedió un amigo que buscaba el mismo ideal, J. Trinidad Flores Espinosa, y en medio de mil peripecias juntos hicieron el viaje, logrando pasar los tres retenes antes de llegar al cuartel general, aunque en cada uno los vigilantes trataron de disuadirlos de sus propósitos diciéndoles que era mejor que se devolvieran porque para el movimiento no servirían por su juventud, que iban a ser un estorbo y que no aguantarían las vicisitudes.

El General Mendoza los escuchó y les dijo que su edad no era todavía suficiente para optar por ese tipo de vida que era muy duro. Entonces José contestó que si no tenía fuerzas suficientes para cargar el fusil, ayudaría a los soldados quitándoles las espuelas, engrasando las armas, preparando la comida, pues sabía cocer y freír los frijoles, y también ayudaría a cuidar los caballos. Viendo la firmeza de su resolución y la sinceridad en su ofrecimiento, el General Mendoza los admitió y los puso a las órdenes del jefe cristero Rubén Guízar Morfín que estaba al frente de las fuerzas que operaban por el rumbo de Cotija.

A partir de ese momento la ocupación de José fue servir y lo hizo siempre con una actitud de caridad y disponibilidad admirable que muy pronto se ganó la simpatía y la estima de todos. A pesar de su corta edad eran notables su fervor religioso y su intrepidez, por lo que una vez cumplidas las condiciones establecidas, aceptaron que se quedara al servicio de la causa. En vista de que las autoridades civiles y militares perseguían y hacían daño a los familiares de los cristeros, José quiso que a partir de su unión a las tropas lo llamaran José Luis para proteger a su familia que era conocida y de dinero. Por eso todos sus compañeros cristeros lo conocieron como José Luis.

“VAMOS A VER QUÉ TAN HOMBRECITO ERES”

En un enfrentamiento que tuvieron las tropas cristeras con las federales del General Tranquilino Mendoza, el 6 de febrero de 1928 al sur de la población de Cotija, casi lograron tomar prisionero al jefe cristero Guízar Morfín porque le mataron el caballo, pero José bajándose rápidamente del suyo en un acto heroico se lo ofreció diciéndole: “Mi general, tome usted mi caballo y sálvese, usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo”. El General Guízar Morfín pudo escapar, pero las tropas federales en esa escaramuza hicieron prisioneros a José Sánchez del Río y a un indito llamado Lorenzo.

Los llevaron maniatados hasta Cotija en medio de golpes e injurias, “Vamos a ver qué tan hombrecito eres”. José no dejó escapar ni un quejido y rezaba para fortalecer su espíritu y poder sobreponerse a las humillaciones y tormentos, el General Guerrero perseguidor de los cristeros lo reprendió duramente por combatir contra el gobierno y ordenó que se formara el cuadro de fusilamiento, pero antes le preguntó que si quería alistarse entre sus soldados, a lo que contestó José inmediatamente: “¡Primero muerto! Yo soy su enemigo, ¡fusíleme!”. El General lo mandó encerrar en la cárcel de Cotija.

CARTA A MAMÁ

Ya en el calabozo, oscuro y maloliente, a José se le vino a la mente el recuerdo de su madre y pensando que podría estar preocupada por él, pidió papel y tinta para escribirle. Luego, de alguna manera logró hacerla llegar a su destino:

“Cotija, lunes 6 de febrero de 1928: Mí querida mamá: Fui hecho prisionero en combate este día. Creo en los momentos actuales voy a morir, pero nada importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios, yo muero muy contento, porque muero en la raya al lado de Nuestro

Señor. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica; antes, diles a mis otros hermanos que sigan el ejemplo del más chico y tú has la voluntad de Dios. Ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Salúdame a todos por la última vez y tú recibe por último el corazón de tu hijo que tanto te quiere y verte antes de morir deseaba. José Sánchez del Río”.

Al día siguiente martes 7 de febrero, los dos prisioneros fueron trasladados de Cotija a Sahuayo y puestos a disposición del diputado federal Rafael Picazo Sánchez, a quien comunicaron la sentencia que sobre ellos pesaba de pasarlos por las armas. Se les asignó como cárcel la Parroquia de Santiago Apóstol.

“LA CASA DE DIOS ES PARA VENIR A ORAR, NO PARA REFUGIO DE ANIMALES”

Al ver a José, Picazo le presentó varias oportunidades para huir, en primer lugar le ofreció dinero para que se fuera al extranjero y vivir allá, luego le propuso mandarlo al Colegio Militar para seguir la carrera en toda forma. José sin titubear rechazó todas las ofertas presentadas por su padrino.

Esa primera noche de prisión en la parroquia, José contempló con gran pena y honda tristeza el estado lamentable en que se encontraba la parroquia en poder del gobierno. Ahí se verificaba todo tipo de desórdenes y libertinajes de la soldadesca, además servía de albergue al caballo del diputado Picazo y el presbiterio era el corral de sus finos gallos de pelea que los tenía amarrados al manifestador.

Ya entrada la noche, José logró desatarse las ligaduras de los brazos y se dedicó a matar los gallos de su padrino, además con un golpe certero cegó al caballo. Al terminar la faena se recostó en un rincón del templo y se durmió.

Al día siguiente, miércoles 8 de febrero, al enterarse Picazo de la matanza de sus gallos se presentó iracundo en el templo y enfrentándose a José le preguntó si sabía lo que había hecho, a lo que José respondió con aplomo: “La casa de Dios es para venir a orar, no para refugio de animales”. Picazo con rabia lo amenazó y José le respondió: “Estoy dispuesto a todo. ¡Fusílame para que yo esté luego delante de Nuestro Señor y pedirle que te confunda!”. Ante esta respuesta uno de los ayudantes de Picazo le dio un fuerte golpe a

JOSÉ EN LA BOCA QUE LE TUMBÓ LOS DIENTES

Su muerte y la de Lázaro, su compañero de prisión, eran seguras. Cuando su tía María les envió el almuerzo, Lázaro no quería comer, pero José lo animó diciéndole: “Vamos comiendo bien, nos van a dar tiempo para todo y luego nos fusilarán. No te hagas para atrás, duran nuestras penas mientras cerramos los ojos”.

El viernes 10 de febrero, cerca de las seis de la tarde, sacaron a José de la parroquia y lo trasladaron al Mesón del Refugio, situado por la calle Santiago frente a la parroquia, lo habían convertido en cuartel, ahí le anunciaron la cercanía de su muerte.

LA HORA DE SU MARTIRIO

Y por fin llegó la hora del martirio. Cerca de las once de la noche le desollaron los pies con un cuchillo, lo sacaron del mesón y lo obligaron caminar a golpes por la calle de

Constitución que en ese tiempo quedaba derecho al cementerio municipal. Los verdugos querían hacerlo apostatar a fuerza de crueldad inhumana, pero no lo lograron. Sus labios sólo se abrieron para gritar vivas a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe. Los vecinos escuchaban con infinita pena los gritos llenos de valor y fervor cristiano que José lanzaba en medio de la noche: “¡Viva Cristo Rey!”.

Ya en el panteón viendo su fe y fortaleza que no se amilanaba ante el tormento, el jefe de la escolta que presidía la ejecución ordenó a los soldados que apuñalaran el delgado cuerpo del adolescente para evitar que se escucharan los disparos en el pueblo. A cada puñalada José gritaba con más fuerza: “¡Viva Cristo Rey!”.

Luego el jefe de la escolta dirigiéndose a la víctima le preguntó por crueldad si quería enviarle algún mensaje a su padre. A lo que José respondió indoblegable: “¡Que nos veremos en el cielo! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!”. En ese mismo momento para acallar aquellos gritos que lo enfurecían, él mismo sacó su pistola y le disparó en la cabeza. José cayó bañado en sangre, ahogando así el último grito de su jaculatoria ritual para la muerte. Eran las once y media de la noche del viernes 10 de febrero de 1928. Su cuerpo quedó sepultado sin ataúd y sin mortaja, recibió directamente las paleadas de tierra

BEATIFICACIÓN, MILAGRO Y CANONIZACIÓN

El 22 de Junio de 2004 el Papa Juan Pablo II ordeno su publicara el decreto de reconocimiento del Martirio por odio a la fe del Siervo de Dios José Sánchez del Río. El 20 de Noviembre de 2005 se celebró la Beatificación de José Sánchez del Río en la ceremonia llevada a cabo en el estadio Jalisco de la ciudad de Guadalajara y presidida por el Cardenal Prefecto de las Causas del Santo, Emmo. José Saravia Martins.

El 21 de Enero de 2016 el Papa Francisco I ordeno se publicara el decreto de reconocimiento del Milagro de intercesión atribuido al Beato Mártir José Sánchez del Río en favor de una niña de Sahuayo, Michoacán, llamada Ximena Guadalupe Magallón Gálvez.

El 16 de Marzo de 2016 dentro del Consistorio Ordinario el Papa Francisco I decreto que el 16 de Octubre de 2016 en la ciudad de El Vaticano, se lleve a cabo la Ceremonia de Canonización del Beato Mártir José Sánchez del Río. El 16 de Octubre de 2016 fue Canonizado por el Papa Francisco I en la ciudad de El Vaticano en la Plaza de San Pedro junto a otros 6 Beato ante más de 80 mil asistentes de todo el mundo. La vida del niño mártir José Sánchez del Río fue dada a conocer en la película “Cristiada”.

ORACIÓN PARA INVOCAR LA INTERCESIÓN DE SAN JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO

Señor Dios, rey de cielos y tierra

que diste a San José Sánchez del Río

la fortaleza para afrontar con valentía la lucha por la fe

y perseverar en fidelidad a la Iglesia,

hasta aceptar con gusto el sacrificio de su propia vida

por amor a Jesucristo y a Santa María de Guadalupe;

Concédenos que, por su intercesión

y ejemplo de su heroico martirio,

seamos fieles y valientes en la difusión del Evangelio

y generosos en el servicio del Reino.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

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