Desviarse de la Supercarretera por un par de horas es una experiencia y permite conocer lo maravilloso de nuestra sierra
Texto y fotos: Geraldo Rosales
La Supercarretera Durango-Mazatlán ha sido todo un éxito en cuanto a la distancia al puerto se refiere. Sabemos que acorta el tiempo de traslado, pero “La Libre” tiene algo más especial, algo mágico que “la súper” no ofrece: los hermosos paisajes que en estos días se aprecian en su máximo esplendor.
El olor a tierra mojada, a pino, la lluvia y ver paisajes donde predomina el verde a más no poder, son de las maravillas que uno puede disfrutar. Poder adentrarse en la boca de la sierra y contemplarla hasta respirarla es comprender que a Dios, sin duda, le gustó Durango para pintarlo.


Río Chico, El Soldado, Coyotes, El Salto, La Ciudad, Mexiquillo y otros más son, sin duda, lugares y “Pueblos Mágicos”, aun sin este título, porque con solo admirarlos uno se enamora de sus paisajes, sus ríos, montañas, miradores, de las alfombras de flores que se extienden en los campos y de sus frondosos pinos frescos.
Recorrer por la libre a Mazatlán debería ser una experiencia necesaria de vez en cuando, no por ahorrarse las casetas, sino por disfrutar de las maravillosas vistas que esta ruta nos regala durante su trayecto. Si vas a Mazatlán, vale la pena desviarse de la Supercarretera y disfrutar por un par de horas más de lo maravilloso de nuestra sierra.













