San Jorge bendito y la fe que resguardó a Durango de los alacranes

Areli Noriega
Areli Noriega 23/04/2026
Updated 2026/04/23 at 6:31 PM

“San Jorge bendito, amarra tus animalitos con tu cordón bendito”, así reza una de las expresiones más arraigadas en la tradición duranguense, nacida no solo de la fe, sino también de una necesidad muy concreta: protegerse de los alacranes.

Cada 23 de abril, día de San Jorge, patrono de Durango, se recuerda el origen de una devoción que se remonta a mediados del siglo XVIII, cuando la ciudad enfrentaba una severa plaga de estos arácnidos.
De acuerdo con el cronista de la ciudad, Javier Guerrero Romero, fue en 1749 cuando el obispo Pedro Anselmo Sánchez de Tagle decidió encomendar a San Jorge la protección de la población. No se trató de una designación fortuita: las picaduras eran frecuentes y, en muchos casos, mortales, especialmente entre niños y personas de edad avanzada.

Las autoridades de la época emprendieron diversas acciones para contener la situación. Se blanqueaban las viviendas para facilitar la detección de los alacranes, se instituyó la figura del “veedor de alacranes” y el propio Ayuntamiento promovía su captura mediante incentivos. Aun así, la amenaza persistía.
Con el paso de los años, el desarrollo médico permitió un cambio significativo. La introducción del suero antialacránico en el siglo XX redujo considerablemente la mortalidad. Sin embargo, la devoción a San Jorge se mantuvo como una expresión viva de la identidad local.

Incluso cuando en otros lugares se revisó el santoral y se puso en duda la figura de San Jorge por su tradicional representación venciendo dragones, en ciudades donde su presencia estaba profundamente arraigada, como Durango, su carácter de patrono permaneció intacto. Lo mismo ocurre en Inglaterra, donde también es reconocido como protector.
Hoy en día, la celebración del 23 de abril convoca nuevamente a los fieles. Las iglesias reciben a familias que, con respeto y devoción, continúan elevando sus plegarias.
En Durango, la historia de San Jorge no solo pertenece al ámbito religioso: forma parte de la memoria colectiva de un pueblo que, ante la adversidad, encontró en la fe una forma de protección y esperanza.

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