Por Martha Casas
El sueño de adquirir una casa propia se ha vuelto una meta inalcanzable para la mayoría de los trabajadores duranguenses. Salvador Chávez Molina, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (CANADEVI), reveló que el encarecimiento de los insumos y la tierra ha provocado la desaparición de la vivienda económica, desplazando el precio de las propiedades más sencillas por encima de los 630 mil pesos, y eso hablando de una vivienda de bienestar social porque la vivienda más barata en el mercado oscilaría en más de 800 mil.
El líder empresarial explicó que el sector enfrenta una “tormenta perfecta” derivada de la inflación en materiales críticos como el acero, el cemento y sus derivados. Estos incrementos, que se han mantenido de forma sostenida, han obligado a los desarrolladores a ajustar sus presupuestos de obra, lo que se traduce en un aumento directo al precio final que paga el consumidor, eliminando de facto el segmento de interés social.
Chávez Molina subrayó que el problema no se limita exclusivamente a los materiales de construcción. La falta de reservas territoriales con servicios básicos y el alto costo de la infraestructura urbana han encarecido el valor de la tierra. Según el titular de CANADEVI, llevar agua, drenaje y electricidad a los nuevos fraccionamientos representa una inversión cada vez más onerosa que termina por inflar el costo de salida de cada inmueble.
Esta dinámica ha generado un vacío preocupante en el mercado inmobiliario local. Ante la imposibilidad de construir casas baratas que sean financieramente viables, las empresas desarrolladoras han tenido que migrar sus proyectos hacia los segmentos de vivienda media y residencial. Esto deja en el desamparo al grueso de la población que percibe salarios bajos y cuyo crédito hipotecario resulta insuficiente frente a los nuevos valores del mercado.
En términos generales la vivienda de bienestar social se incrementará aproximadamente un 4%, mientras que la vivienda más barata incrementaría de 5 a 10%.
Finalmente, el representante del sector vivienda advirtió que, de no existir una estrategia que involucre incentivos fiscales o una simplificación administrativa que reduzca los costos de urbanización, el déficit habitacional en Durango seguirá creciendo. El riesgo latente, señaló, es que la demanda insatisfecha sea absorbida por el mercado informal y los asentamientos irregulares, lo que representaría un problema mayor para el ordenamiento urbano de la ciudad.



