LOS VIKINGOS Y SU ESTANCIA EN NORTEAMÉRICA

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​José Miguel Castro Carrillo


​Alrededor del año 1000 d. C., casi medio milenio antes del viaje de Cristóbal Colón, navegantes nórdicos liderados por Leif Erikson bordearon las gélidas costas del Atlántico Norte, desembarcaron en Terranova, en el actual Canadá, y lo usaron como base para sus exploraciones.
​No hubo proclamas reales ni multitudes que abarrotaran las calles para recibirlos a su regreso, además, no navegaron directamente a través del vasto océano Atlántico de un continente a otro, sino que avanzaron por etapas. Sus expediciones fueron relatadas siglos más tarde en sagas que pertenecían más al ámbito de la literatura épica que al de los libros de historia.
​Y realizaron su primer viaje a suelo americano 500 años antes que Cristóbal Colón, viajes que las sagas nórdicas, relatos vikingos puestos por escrito por sus descendientes, han llegado a reconocerse como fuentes de verdades históricas fiables.
​Mantenida durante siglos en el ámbito mítico de las “Sagas de Vinlandia”, esta travesía se confirmó arqueológicamente en 1960 cuando Helge y Anne Stine Ingstad descubrieron el asentamiento de L’Anse aux Meadows. En 2021, un estudio publicado en la revista “Nature” fechó con precisión dendrocronológica la presencia vikinga exacta en el año 1021 d. C.
​Sin embargo, el evento no alteró la cartografía de la época ni desencadenó una transformación geopolítica en el mundo conocido, sino que funcionó como un puesto avanzado estacional para reparar embarcaciones y organizar expediciones hacia zonas más templadas y ricas en madera y uvas silvestres por lo que también fue llamado Vinland.
​En este lugar se salieron a la luz ocho estructuras de turba sobre armazón de madera, talleres de carpintería y una fragua de extracción de hierro pantanoso. Pese a estas capacidades técnicas, la población nunca superó el centenar de habitantes, por lo que la presencia nórdica no se convirtió en un hecho dominante por la debilidad demográfica y logística, debido a que las comunidades nodriza de Groenlandia e Islandia, carecieron del volumen humano y de recursos como madera y hierro, necesarios para proyectar una colonización continental.
​Debido a que estos hechos ocurrieron 450 años antes de la invención de la imprenta, el hallazgo quedó relegado a la tradición oral y a manuscritos islandeses tardíos, sin circular por las redes intelectuales de Europa.
​La estructura socioeconómica europea del siglo XI estaba dominada por el feudalismo y la economía de subsistencia, todavía no existían los Estados-nación centralizados ni las redes de capital comercial que impulsaron a la Corona Española en 1492.
​A eso hay que sumar que la navegación nórdica fue un avance gradual bordeando el subártico con una ruta que abarcaba desde Noruega, Islandia, Groenlandia hasta Terranova, ubicándose en la extrema periferia geográfica del mundo europeo, aunado al clima que en esa época el enfriamiento del Atlántico Norte congeló las rutas marítimas.
​Pisar primero una masa continental no equivale a transformar la historia civilizatoria, por lo que el vikingo Leif Erikson y sus marineros demostraron una destreza náutica extraordinaria en los mares del Norte, pero su hazaña careció de los soportes tecnológicos, económicos e institucionales para instituir un contacto permanente.
​Los vikingos descubrieron América y la trataron como un secreto de frontera lejana y fue Cristóbal Colón, impulsado por la imprenta y el capitalismo mercantil naciente, quien abrió la era de la interconexión planetaria. La historiografía actual honra el valor nórdico, pero consagra a 1492 como el verdadero punto de inflexión de la historia universal.

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