El público se entregó por completo a su héroe musical, quién entre aplausos, lágrimas y gritos apagó su acordeón en la tierra de los alacranes para siempre
Texto y fotos: Geraldo Rosales
La noche del sábado , la Velaria de espectáculos del recinto ferial se convirtió en testigo de la extraordinaria historia musical de Ramón Ayala, “El Rey del Acordeón”, quien llegó a Durango para decir adiós a su público después de más de seis décadas de trayectoria.
Fueron más de 5 mil personas se dieron cita para agradecer al máximo exponente de la música norteña por su legado y por décadas de cariño incondicional. Poco antes de las 23:00 horas, las luces se apagaron y los primeros acordes del acordeón cimbraron la Velaria.
Acompañado de sus inseparables Bravos del Norte, Ramón Ayala abrió la velada con grandes éxitos como “Un puño de tierra”, “Recuérdame y ven a mí”, “Qué casualidad”, “Gumaro Vázquez”, “Las casas de madera” y “La vecina me puso el dedo”.
El concierto, que también sirvió para celebrar por adelantado el Día de las Madres, se volvió un viaje emocional respaldado por una producción completa de pantallas, animaciones y un diseño de luces que acompañó cada melodía, haciendo el concierto cada vez más especial.
La velada continuó con un momento especial con cuando su nieto, Christopher Ayala, subió al escenario para demostrar que el legado sigue vivo, interpretando una serie de éxitos con el estilo de conjunto norteño que lo distingue como heredero musical del Rey.
Minutos después, desde Los Ángeles, California, llegó el Mariachi Reyes de Jorge Álvarez, para acompañar a Ramón Ayala en un homenaje a su compañero de “Los Relámpagos del Norte”, Cornelio Reyna y sus composiones cómo “Me sacaron de Tenampa”, “Te vas ángel mío” y “Me caíste del cielo”.
Otro de los momentos más emotivos de la noche lo protagonizó el joven duranguense Messi Emmanuel García Cabada, cantante e instrumentista, fue invitado por el propio Ramón Ayala al escenario. Juntos interpretaron “Tragos de amargo licor”, con un público que coreó cada verso. La invitación nació tras el mural multicolor que García Cabada mandó pintar durante una semana en las bajo el puente “El Baluartito”, en la Rambla del Parque Guadiana, obra que fue inaugurada la mañana del sábado con la presencia del “Rey del Acordeón”.
La noche se alargó con más clásicos como “Un rinconcito en el cielo”, “Mi tesoro”,“Dos monedas”, “Pa’ que son pasiones”, Mi Piquito de Oro”, Cuando yo era un jovencito”, “Corrido de Chito Cano”, “ “Mi Golondrina” y “ entre otros.
De está manera Durango se entregó
por completo su héroe musical, por lo que se entre aplausos, lágrimas y gritos Ramón Ayala apagó su acordeón en Durango para siempre en su gira de despedida. Gracias Ramón, y que viva por siempre … ¡ El Rey del Acordeón!.







